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miércoles, 15 de julio de 2015

Resumen de la 13º Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas



https://conferenciadrogas2015.files.wordpress.com/2015/07/20150703_conf_politicas_de_drogas_09.jpg



“Acompañe. No castigue”
La frase refiere a los usuarios de drogas y es la adaptación de la campaña global #supportdontpunish que Intercambios realizó para las acciones locales. Resume, en esencia, las conclusiones de los debates que tuvieron lugar en los diferentes paneles de esta nueva edición de la Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas


Más de cuatrocientos asistentes de variados puntos del país, llegaron al Senado de la Nación en la Ciudad de Buenos Aires para presenciar exposiciones y debatir con funcionarios públicos, académicos y especialistas; junto a organizaciones de la sociedad civil y activistas. Organizada por la Asociación Civil Intercambios por décimo tercer año consecutivo, y en el marco de los festejos por los 20 años de vida de la institución, la Conferencia continúa siendo un necesario espacio de discusión.


“Desfederalizar las competencias en drogas es un asunto espinoso”

En la ceremonia de apertura, la Ministra de Seguridad de la Nación María Cecilia Rodriguez reconoció la complejidad de la cuestionada Ley de Desfederalización. La ministra dijo que “desfederalizar las competencias en drogas es un asunto espinoso por la complejidad del delito, de carácter transfronterizo y con delitos asociados como la trata”.  Explicó además que “encontrar un camino para desarmar las redes de tráfico implica un esfuerzo multiagencial” y dejó en claro que “perseguir el menudeo tiene escasos resultados a la hora de desbandar a las redes de narcotráfico”Por último destacó una “mayor presencia y articulación con el sistema judicial, y todo tipo de tecnologías para el reconocimiento de sustancias ilegales”.

En tanto, Gabriel Lerner, flamante Secretario de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) resaltó que “las políticas sociales deben evitar la criminalización de usuarios de sustancias” aclarando que “hubo rediseño de cuestiones hacia adentro del Estado, pero hay que reformar la ley”.
También analizó el marco internacional de cara a la Sesión Especial de la Asamblea de Naciones Unidas sobre drogas UNGASS 2016. Al respecto, se refirió a la experiencia uruguaya: “Uruguay ha tomado un camino propio, creativo, y tiene que pararse frente al mundo y decir tenemos derecho a esta política; por eso el contexto es importante”. “Hacia UNGASS 2016 existe una tensión entre las convenciones y los tratados de derechos humanos” y en este sentido concluyó en que “no hay discusión en la preeminencia de los acuerdos por derechos humanos”.
Respecto al plano local, expresó que “ha habido avances en la detección de precursores químicos que habilitan la producción”. Además señaló que “planteos como el de Intercambios han tenido momentos de recepción y otros de aislamiento. No siempre han encontrado receptividad y escucha. Quiero hacer un reconocimiento a esa tarea”.

La Presidenta de Intercambios Asociación Civil Graciela Touzé, señaló que “el actual enfoque de las políticas de drogas, centradas mayormente en políticas represivas, es lo que genera mayor ruptura de lazos sociales, marginalización, estigmatización y discriminación”.
Además, tomando como referencia la campaña global #supportdontpunish, expresó que “Acompañe, no castigue es también nuestro lema para que más organizaciones de la sociedad civil tengan un mayor protagonismo y una voz más reconocida por los Estados en el tablero de las políticas de drogas”; que “Acompañe, no castigue se expresa en una carta que Intercambios firmó junto a una amplia coalición de más de 100 organizaciones para que las Naciones Unidas respeten a los países que se alejan del paradigma prohibicionista”; que “Acompañe, no castigue en Argentina es reiterar el reclamo para que se despenalice la tenencia de estupefacientes y el cultivo para consumo personal”; y que “Acompañe, no castigue en Argentina es insistir por la plena implementación de la Ley Nacional de Salud Mental ycontinuar reclamando un firme compromiso con el enfoque de reducción de daños”, entre otros reclamos como la proporcionalidad de las penas en los delitos vinculados con drogas y la incorporación de una perspectiva de género.

miércoles, 24 de junio de 2015

El impacto de las políticas de drogas en las mujeres




Las leyes punitivas sobre las drogas implican una pesada carga sobre las mujeres, y en consecuencia sobre los niños y niñas de quienes frecuentemente son las principales cuidadoras.

Todas las personas que usan drogas afrontan la estigmatización y discriminación, pero las mujeres son más propensas que los hombres a ser severamente denigradas, como madres "no aptas" y como personas "caídas" de la sociedad.

Este documento de Open Society Foundations aborda la dimensión de género de las políticas de drogas y las leyes, mostrando las cargas que ponen sobre mujeres y niñas las políticas mal concebidas y los servicios inadecuados. 

Narcotráfico: poderes en la sombra y su impacto oculto en la vida de las mujeres en América Latina




El Fondo de Acción Urgente de América Latina promueve desde 2013 la iniciativa colaborativa Mujeres, Resistencias y Poderes en la Sombra que implica un diseño e implementación de acciones de manera conjunta con otras activistas, organizaciones de mujeres, académicas y con aquellas que inciden en políticas públicas en México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Colombia, Ecuador y Estados Unidos.


La publicación es fruto de la suma de esfuerzos de activistas e investigadoras interesadas en visibilizar los efectos del tráfico de drogas y “poderes en la sombra” asociados a éste en la vida de las mujeres en Latinoamérica.
El objetivo de este trabajo es identificar la información existente sobre la dinámica específica en Latinoamérica y mostrar las principales dimensiones del problema con el fin de buscar caminos de incidencia en la defensa de los derechos de las mujeres.

Documento disponible en: http://issuu.com/fondodeaccionurgente-al/docs/narcotr__fico_y_poderesenlasombra

http://www.fondoaccionurgente.org.co/

Género y Drogas


Las mujeres sufren mayor vulnerabilidad por
  • Menor seguridad económica
  • Violencia de género física y sexual
  • Mayor estigmatización y discriminación
  • Menor poder de incidencia en decisiones
  • Falta de reconocimiento de derechos y necesidades
Las necesidades específicas de las mujeres que usan drogas son frecuentemente ignoradas y marginadas en las políticas, programas y servicios. 
Las mujeres son más vulnerables a los efectos negativos del prohibicionismo.
La intersección entre desigualdad de género y criminalización del uso de drogas aleja a las mujeres de los servicios sociales y de salud. 

La Red Internacional de Mujeres y Reducción de Daños (@WHRINWomen) llama a:
  • Terminar la guerra contra las drogas. Las personas que usan drogas no deben ser criminalizadas. 
  • Alternativas a la prisión. La prisión no es un remedio efectivo, tiene impactos sanitarios y sociales negativos y de larga duración. 
  • Mayor información estratégica. Se necesitan datos agregados por género acerca de cantidad de población, acceso a servicios y otra información relevante 
  • Servicios de reducción de daños sensibles al género. Confeccionados de acuerdo a las necesidades y prioridades de las mujeres, e integrados con otros servicios sociales y de salud para mujeres. 
  • Fortalecimiento de capacidades y recursos. Hacia el desarrollo y ampliación de escala de los programas y servicios de reducción de daños acordes al género. 
  • Abordaje de la violencia contra las mujeres. Fortalecimiento de los mecanismos de protección legal y social para la población actualmente criminalizada

martes, 16 de junio de 2015

Trazar caminos de encuentro

Diálogo con Paula Goltzman.

Publicado en: Débora Kantor (2008) Variaciones para educar adolescentes y jóvenes. Buenos Aires: Del estante editorial.

Disponible en: http://issuu.com/federiconantes/docs/goltzman_2008_-_trazar_caminos_de_e/1

Extractos:

"Muchas de las personas que usan drogas,
sobre todo los más jóvenes, están y pasan gran parte de su vida en lo que
podríamos denominar genéricamente la calle: las esquinas, los baldíos, los lugares
de encuentro como pubs, pooles y plazas de los barrios. Desde hace mucho
tiempo, venimos percibiendo que esos son espacios privilegiados de intervención.
Esa perspectiva confronta con los discursos y las intervenciones más
habituales. Las organizaciones comunitarias, por ejemplo, procuran generalmente
sacar a los pibes de esos contextos; la idea que prima es que hay que
correrlos de esos lugares y lograr que vayan a las instituciones para realizar
determinadas actividades. (...)

Nuestra propuesta hacia las organizaciones
con las que trabajamos no es nada original en ese sentido; hay muchísimos
antecedentes de lo que llamamos un trabajo en calle, en el sentido amplio
de calle, con todas esas posibilidades y espacios que señalé antes. En definitiva,
es eso: actuar donde los pibes se encuentran; ninguna pretensión, por
lo menos en el inicio, de que los pibes dejen sus lugares para ir a algún otro
a realizar un taller o una actividad. De lo que se trata es de establecer un diálogo, 
y podemos dialogar en esos espacios (...)

Gran parte de la vida de los pibes, sobre todo de los sectores
más pobres, pasa en esos espacios, y es ahí donde uno debe y puede poner
una palabra, buscar y construir otros sentidos para ese espacio que es la calle.
Y es allí donde se abre la posibilidad de establecer la confianza con los pibes,
vínculos con ellos que facilitan otros objetivos, porque el primer objetivo,
cuando encaramos el trabajo, es contactarnos, al comienzo no hay más que eso. (...)
después, de a poco, mucho más que eso, después viene ese plus
que se va construyendo junto con los grupos, con los pibes, con los usuarios,
con quienes estés trabajando. Pero el primer objetivo es la confianza, no hay
ninguna otra pretensión. Cuando lo que se plantea es «la reducción de daños»
como enfoque y estrategia de trabajo, los objetivos básicos, iniciales, son sumamente
cercanos, de bajo requerimiento. Posteriormente hay posibilidad de
otros objetivos. En ese bajo requerimiento, sobre todo con los pibes con los
cuales trabajamos –los más vulnerabilizados, los que viven en condiciones muy
precarias–, el objetivo básico es establecer este contacto y que los jóvenes puedan
llegar a identificar, a reconocer a ese promotor que está trabajando en la
calle como un puente para el diálogo, como alguien que trae otros elementos
simbólicos de discusión sobre el tema de drogas o sobre otros temas que preocupan
a los pibes. (...)

Jóvenes y uso de drogas. Implementación de un dispositivo de atención en el ámbito escolar

Por Jorgelina Di Iorio; Paula Goltzman; María Pía Pawlowicz; Javier Castagnola;
Damián Fernández Courel; Lila Solano, Gastón Núñez
Intercambios Asociación Civil/ Fundación Armstrong
2012

Disponible en http://issuu.com/federiconantes/docs/j__venes_y_uso_de_drogas._implement/1

Ver también http://ficherofn.blogspot.com.ar/2015/06/no-te-sientas-zarpado-promocion-de.html


Extractos:


"(... )En el caso de los jóvenes, la preocupación por el consumo de drogas es parte de la agenda pública en general, y de la de las escuelas medias en particular, siendo el enfoque preventivo el que hegemoniza dicha agenda. 

Según Touzé (2010), la formación sobre el uso problemático de drogas y su prevención responde, generalmente, a enfoques reduccionistas y monodisciplinares, que reduce el problema a los efectos producidos por el uso de drogas. Las cuestiones relativas a la atención del uso problemático y al tipo de dispositivos posibles desde el espacio escolar están menos desarrolladas. Y cuando aparecen se presentan como nuevas formas de castigo y de control social, en tanto que el uso de drogas se define como práctica social desviada (considerada como delito o enfermedad), individualizándose las dificultades humanas y minimizando su naturaleza social (Touzé, 2006).

El acercamiento en el ámbito educativo al tema drogas se caracteriza en general por traducirse en propuestas centradas en lo preventivo, donde se focaliza en los jóvenes sobre la base de definiciones del riesgo (Kantor, 2008).

Con frecuencia se escucha en el ámbito educativo que la función de la escuela debe ser estrictamente prevenir y que la atención debe ser por “fuera” de la escuela. Son típicas por ejemplo las clases donde se describen las sustancias ilegales y sus efectos químicos en el cuerpo. 

Siguiendo a Di Leo y otros (2011), las propuestas preventivas, en su mayoría, podrían responder a conceptualizaciones de los adolescentes y los jóvenes basadas en la negación de sus capacidades y en la negativización de sus prácticas (violencias, transgresiones, riesgos sociales), que configuran escenarios institucionales en los que se “obstaculizan las posibilidades de (re)construcción de lazos sociales y los trabajos de reconocimiento mutuo, fundamentales no sólo para el fortalecimiento y/o institucionalización de todo tipo de estrategias de promoción de la salud en ámbitos educativos y, en general, para la reconstrucción, fortalecimiento y relegitimación de la escuela secundaria en el contexto actual” (Di Leo y otros, 2011:7).

A esta característica de los espacios de atención, también se suman otras limitaciones propias de los modelos sustentados en la abstinencia, así como también las dificultades en la accesibilidad para los usuarios de drogas a los servicios de salud y salud mental. Frente a esto, los dispositivos de atención basados en intervenciones territoriales, y fundamentados desde el paradigma de la reducción de daños han ido ganando aceptación. En ellos se consideran las relaciones de las personas, las sustancias y los contextos de uso, adecuándose las intervenciones a las características de los usuarios y de la comunidad donde se implementan (Galante y otros, 2009). (...)


lunes, 15 de junio de 2015

Uso de drogas: prácticas profesionales cuestionadas



Revista Margen nº 10, 1997

En este trabajo, nos proponemos revisar la influencia en las prácticas profesionales de la asociación del uso de drogas ilegales con enfermedad, a fin de favorecer un análisis crítico de nuestras intervenciones. Asimismo, presentamos el resultado de algunas investigaciones referidas a las prácticas de los usuarios de drogas -particularmente de cocaína- a modo de contribución a su desmitificación.La construcción del uso de drogas como problema social encuentra fundamento en diversos procesos económicos, políticos y culturales. Muchos análisis sobre el uso de drogas han eliminado su complejidad para reducirla, naturalizarla y circunscribirla a la interpretación jurídico-penal o psiquiátrica. Las prácticas profesionales de diferentes disciplinas reproducen esos saberes lo que se expresa en estereotipos que contribuyen al desarrollo de procesos de estigmatización social de individuos y conjuntos sociales.
Resulta pertinente emplear el concepto de construcción social en los procesos de salud-enfermedad-atención, definido como "el proceso de condicionamiento recíproco entre las representaciones y las prácticas, desarrolladas tanto por los `especialistas del campo' (curadores) -incluidos los distintos niveles de organización institucional- y los diversos conjuntos sociales. A su vez, por representación social entendemos la articulación entre los modos de percibir, categorizar y significar (dar sentido)" (Grinberg et al., 1993).
Diversas investigaciones han mostrado que la representación social de la enfermedad se describe como un estado que aparece bruscamente y que ha sido producido por una causa externa, que en general es de carácter social aún para la enfermedad mental. Se asocia también a la inactividad. Esta concebido como un fenómeno destructivo. Está relacionada con lapérdida del rol social, con la dependencia de otro y con la angustia (Páez et al., 1991). Para algunas personas la misma enfermedad es una manera de actividad. Este último aspecto puede relacionarse con los procesos de estigmatización social y resulta bastante claro cuando analizamos muchas de las historias de quienes se definen como "ex adictos".

viernes, 12 de junio de 2015

Consumo de drogas: Qué hacer desde la escuela. (reseña)



Consumo de drogas: ¿Qué hacer desde la escuela?
Saccone y Ryan, Ministerio de Educación de la Nación 2011.

Documento disponible en: http://issuu.com/federiconantes


En el cuadernillo se enfoca el quehacer escolar frente a la posible detección de consumo problemático de drogas. Para garantizar ese enfoque se propone la realización de algunas preguntas, que después llama “seis interrogantes básicos”:

Las preguntas que deberían formularse para encarar correctamente cada caso son:
1.       ¿Por qué en la escuela nos preocupa este consumo? 
2.       ¿Cómo se supo o conoció la situación problemática?
3.       ¿Cómo es el desempeño escolar de ese alumno?
4.       ¿Con qué regularidad concurre a la escuela? ¿Llega tarde? ¿Tiene inasistencias?
5.       ¿Cómo se relaciona con sus compañeros? ¿Y con los docentes? 
6.       ¿Se observaron conductas en la escuela –clases, recreos, paseos, etc– que evidencien este consumo?

Teniendo en cuenta que el lugar de adulto de los docentes en la institución está 
dado fundamentalmente por su rol educativo, conviene siempre tener presentes
estos seis interrogantes básicos en toda situación vinculada al consumo de sustan-
cias psicotrópicas.

Dice, más adelante, a propósito de no estigmatizar ni “diagnosticar” a los alumnos, que “Lo realmente importante es comprender lo que está sucediendo en el proceso escolar del alumno y para esto los adultos de la escuela sí tienen conocimiento y experiencia suficiente. Es desde allí desde donde, como docente, se debe intervenir. Se busca restringir lo más posible la mirada al aspecto escolar.


Intervención en el ámbito escolar

Plantea que se da desde “el lugar que le compete a la escuela: el formativo”.

Y detalla tres áreas sobre las cuales intervenir o apuntalar, que es donde se presentan dificultades, y donde es necesario intervenir tempranamente:
·         Desempeño académico
·         Convivencia escolar
·         Regularidad de la cursada


En función de estas áreas plantea que se puede evaluar desde una institución educativa la “problematicidad” del consumo de sustancias [será “problemático”, cuando afecte el rendimiento, la convivencia, o la regularidad]. Así vuelve a remitir a las preguntas que se planteaban más arriba:

¿Por qué en la escuela nos preocupa este consumo? Insistiendo en los “motivos educativos” que nos preocupan, en vistas a dejar de lado posturas moralistas.

¿Cómo se supo o conoció la situación problemática? Planteando la importancia de no intervenir si no hay un verdadero problema, y no actuar por trascendidos.

¿Cómo es el desempeño académico escolar?  En este punto se verifica muy concretamente el enfoque puesto en lo formativo desde la escuela, al afirmar que
“Si el alumno presenta un desempeño adecuado, si no se observan alteraciones,
si tiene un rendimiento académico apropiado, debemos reconocer que
desde el punto de vista del aprendizaje, de existir consumo de drogas, este
no se muestra como problemático.”

¿Con qué regularidad asiste a la escuela? Evaluando las causas de las inasistencias, informando sin demora al adulto responsable de inasistencias o llegadas tarde, entendiendo que la intervención temprana es preventiva.

-  ¿Cómo se relaciona con los compañeros y docentes? Aspecto en el que hay que intervenir únicamente si se observa problematicidad, (incumplimiento de normas, peleas, etc). La intervención tiene que darse desde el reglamento de convivencia y las sanciones que contempla, y profundizar el análisis e intervención si el problema persiste.

¿Se observaron conductas que evidencien el consumo (en la escuela, clases, paseos, recreos, etc)? Con el cuidado de no presuponer ni “diagnosticar”. Y en comunicación con los adultos responsables. Sobre este punto, es interesante la insistencia en la presencia del alumno, como sujeto de derechos y apuntando a su responsabilidad:
Cada vez que se reúnan los adultos, docentes y directivos con los padres y familiares,
es necesario que el alumno esté informado de las reuniones y que se le dé
siempre la posibilidad de participar. Como sujeto de derecho, el joven tiene derecho
a conocer lo que se dice o se piensa de él y a expresar su propia visión de los hechos.
Eso colabora, además, para que vaya construyendo su propia responsabilidad

-  ¿Qué puede hacer la escuela ante los consumos?
Resumo:
-  Hablarlo, cuando existe un claro consumo de drogas.
-  Ofrecer ayudas especiales en caso que se presenten conflictos en las áreas mencionadas de rendimiento, convivencia, regularidad
-  Llamar a servicio médico e informar a padres ante aparentes estados de intoxicación (la escuela no cuenta con herramientas para evaluarlos)
-  Siempre seguir trabajando en el vínculo con el alumno, y
• reforzar la idea de que es muy positivo que haga una consulta de evaluación,
• promover y destacar la importancia de la continuidad de la escolaridad,
• dejar en claro que la sugerencia de un tratamiento es una ayuda, y no tiene
la intención de expulsarlo del ámbito escolar sino, por el contrario, de intentar
sostenerlo lo mejor posible,
• manifestar siempre que a los docentes y a la escuela les importa su situación
y que desean que pueda seguir concurriendo,
• facilitar la concurrencia al tratamiento, flexibilizando horarios de ser necesario,
si no se han podido coordinar turnos extra clases,
• efectuar un seguimiento del caso mostrando interés por la salud del joven,
• estar atentos a las posibles indicaciones de los profesionales tratantes.
-  Vuelve a insistir en la aplicación de sanciones de acuerdo a los acuerdos de convivencia, en el caso que fuera necesario, como una forma de poner límites educativos. Particularmente si lo que se da dentro de la escuela es consumo (además de lo mencionado más arriba respecto a los inconvenientes de convivencia):
Si de lo que se trata es de consumo de sustancias en el ámbito de
la escuela, el caso debe ser considerado una falta y sancionado de
acuerdo al reglamento de convivencia escolar vigente. No importa
que sea tabaco, paco o marihuana: es una transgresión en todos los
casos. Sancionar es una vía paralela a la de ayudar. Muchas veces
la sanción, que requiere ser implementada siempre como un límite
educativo, es la mejor de las ayudas.
-  Ir construyendo una guía de recursos locales, tanto de salud como de desarrollo social


Después aborda posibles situaciones fuera de la escuela, de venta de drogas (también adentro), ante los cuales siempre se debe hacer denuncias ante el Ministerio Público Fiscal (y ante organismos de protección de derechos de niños, niñas y adolescentes, en caso que la venta la hagan jóvenes menores de 18 años de edad).


“Ante todo los derechos”

En este apartado vuelve a ampliarse la mirada, más allá de la esfera de lo pedagógico, para mirar a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos, desde un enfoque de protección integral de la cual todos somos responsables.

Señala la importancia de que la escuela identifique a las instituciones jurisdiccionales de protección integral de derechos, así como a los efectores más cercanos de protección integral para articular acciones.

Señala también que para las escuelas existe la obligación de informar cuando existe vulneración de derechos (artículo 30 de la Ley 26.061). Y en ese sentido advierte que
Cabe aclarar que el trabajo con los equipos de los organismos de
protección no implica necesariamente la intervención del sistema
judicial.



jueves, 11 de junio de 2015

UNODC - Estándares internacionales en prevención del uso de drogas

International Standards on Drug Use Prevention (2012)

Documento disponible (en inglés) en: 
http://www.unodc.org/documents/prevention/prevention_standards.pdf

"There was a time when drug prevention was limited to printing leaflets to warn young people about the danger of drugs, with little or no resulting behaviour change. Now, science allows us to tell a different story. Prevention strategies based on scientific evidence working with families, schools, and communities can ensure that children and youth, especially the most marginalized and poor, grow and stay healthy and safe into adulthood and old age. For every dollar spent on prevention, at least ten can be saved in future health, social and crime costs . 

These global International Standards summarize the currently available scientific evidence, describing interventions and policies that have been found to result in positive prevention outcomes and their characteristics.(...) 

It is our hope that the International Standards will guide policy makers worldwide to develop programmes, policies and systems that are a truly effective investment in the future of children, youth, families and communities". 

UNODC - Acerca de la prevención basada en información sobre riesgos

Tomado del programa Youth Initiative, de United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC).


Myth 5 ‘Information on the dangers of drugs prevents drug use’  (Extractos)


“(...) more than just spreading information on the negative consequences of drug use is needed for preventing drug use. In fact, spreading emotion provoking messages on dangers of drugs can even lead to opposite outcomes, as it can increase curiosity, experimentation with drug use, or even increase stigmatization of those already using drugs, so such campaigns need to be planned and implemented with great care. When done correctly, information based campaigns bear great potential in supporting the healthy lifestyles of youth. (...)

Spreading information on negative consequences is not enough for preventing drug use. Having information on the consequences of certain behaviors is generally not enough to help to actually change those behaviors

For changing our behaviors we need also other help, such as skills, favorable environment, positive norms, intentions and attitudes, and that is why good prevention interventions target the multiple resilience and vulnerability factors beyond awareness, and for example support the learning of various life-skills, or parenting-skills, or aim at providing favorable and supporting environment e.g. via promoting access to good quality education or changing the norms and policies in schools.

miércoles, 10 de junio de 2015

Uso de drogas inyectables y VIH en Rosario (Argentina). Fundamentos para la reducción de daños.

Por Silvia Inchaurraga (1999)

Artículo completo disponible en: http://www.adicciones.es/files/inchaurraga.pdf

Resumen: 

Introducción: El uso de drogas inyectables (UDI) es una práctica ampliamente difundida en la ciudad de Rosario, en Argentina. Desde hace más de una década, el compartir equipos de inyección fue el factor responsable de contagio en más de la mitad de los casos de VIH registrados en Rosario.

Objetivos: Realizar una aproximación a la evaluación de la situación del uso de drogas inyectables y sus consecuencias en el marco metodológico del RAR (método de Evaluación y Respuesta Rápida) recomendado por la OMS, para orientar las intervenciones de las políticas de salud en drogadependencias en la ciudad.

Material y Métodos: El estudio abarca estudios epidemiológicos previos o relacionados, encuestas por método directo (consultantes) e indirecto (muestreo en red), entrevistas directas a consultantes y triangulación de la información.

Resultados: El UDI es un fenómeno frecuente en nuestro medio, se ha estimado que más de 3.000 personas podrían haber contraído el VIH por esta vía en Rosario desde el inicio de la epidemia. La cocaína es utilizada por el 100%, una parte minoritaria utiliza opiáceos. A través de un muestreo en red se recolectaron datos sobre 170 usuarios de drogas inyectables, el 63% de los cuales eran VIH (+), el 70 % comparte equipos de inyección. El 89% de este grupo no concurría a ningún tratamiento para su adicción, el 13% tiene menos de 20 años. Sólo 20% de los UDI/VIH (+) realizan control y tratamiento de su infección.

Conclusiones: Si bien estudios más profundos e intervenciones urgentes sobre este grupo deberán ser puestas en marcha a la brevedad, tanto los datos oficiales como la investigación exploratoria realizada, nos permiten fundamentar la importancia de las estrategias de reducción de daños. Un modelo que aunque resistido por las políticas oficiales de drogas, venimos poniendo en marcha en nuestra ciudad desde nuestro Centro de Estudios Avanzados en Drogadependencias y SIDA de la Universidad Nacional de Rosario y nuestro Servicio Asistencial para Drogadependientes del Centro Regional de Salud Mental “Agudo Avila”.

martes, 9 de junio de 2015

Legalidad, ilegalidad y tolerancia social


"Lo fundamental no está dado por la legalidad o no de la sustancia, sino que el punto que tenemos que interrogar es qué posición tiene la persona que consume. Digamos, para qué consume y por qué consume. Esa es la gran pregunta que cuando trabajamos en el campo del uso y del abuso de drogas tenemos que dejar siempre en el eje del debate: el sujeto, por qué una persona consume, por qué una persona necesita una sustancia para hacer más soportable su vida, por qué necesita determinada sustancia para cumplir un objetivo -que puede ser un objetivo impuesto por nuestras sociedades- porque la legalidad o la ilegalidad de la sustancia, lo que hace de última en nuestra sociedad es exponer a las personas a mayores riesgos o a mayores daños, porque cuando un consumo es clandestino, oculto, es porque está prohibido o porque pasa a ser mal visto por la sociedad"


Demasiada tolerancia social a las drogas legales pero muy peligrosas 

En Rosario se reciben muchas consultas en la Asociación de Reducción de Daños "por un chico que fumó marihuana, pero casi ninguna por personas con fuerte dependencia a psicofármacos", explica la titular de esa entidad, Silvia Inchaurraga. 

Disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/18-7590-2007-03-10.html

Un estudio publicado recientemente por la ONU asegura que el consumo de drogas lícitas está por sobrepasar al consumo de las drogas ilícitas. De esta aseveración, surge una pregunta: ¿Se podría decir que hay una necesidad dentro de la sociedad de consumir algún tipo de droga? "Y sí, porque en el fondo es esa la pregunta: qué es lo que lleva a las personas a resolver el malestar, la angustia, o incluso el dolor con estos objetos, que por ahí en la sociedad de consumo toma sus particularidades", respondió la titular de la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA) en Rosario, Silvia Inchaurruaga, y explicó: "Lo que pasa es que el consumo de las drogas ilícitas, como siempre ha estado más demonizado, ha tenido siempre más visibilidad social. Lo otro está socialmente más aceptado, entonces no genera tantos temores, tanta estigmatización, tanta preocupación". Así, Inchaurruaga destacó que muchas de las consultas que recibe en la institución parten de la preocupación de amigos o familiares de alguien que quizás consumió ocasionalmente un cigarrillo de marihuana, "y sin embargo hay instaladas muchas veces en las familias una adicción a los psicofármacos que no genera mayor preocupación". De esta manera, se visualiza claramente que ­sean lícitas o ilícitas­ un alto porcentaje de la sociedad consume algún tipo de droga en busca de algo que facilite la tolerancia de la vida. En este sentido, la titular de ARDA explicó los motivos desde el psicoanálisis y la sociología: "Freud definía a las drogas como sustancias quitapenas que venían a intentar hacer más soportable lo insoportable, hablaba del dolor existencial, de lo insoportable de la finitud para el ser humano. Después desde la sociología hay explicaciones que también vienen a analizar cuál es el lugar que las drogas toman hoy en nuestra cultura: Humberto Eco hablaba de las drogas como objetos de la felicidad química, también en esta misma línea de intentar situar qué es lo que se busca con una sustancia, sea legal o ilegal; el sociólogo Gilles Lipovetsky habla de las prótesis narcisistas, es decir de lo que necesitan las personas para levantar la autoestima, para estar más completas en el sentido de tener lo que se espera que tengan en una sociedad". Precisamente, es en esto que se espera que se tenga, "adonde se ven las funciones que tienen las sustancias estimulantes en relación a la hiper­productividad, ya sean legales, como las anfetaminas, las pastillas que las personas pueden tomar para levantar su estado de ánimo; o sean las sustancias ilegales, como puede ser la cocaína, que también hay personas que la utilizan para poder mantener un alto ritmo y una productividad", afirmó Inchaurruaga, y aclaró que "todo esto es socialmente tolerado en tanto sea funcional a la producción, al trabajo". Entre otras cosas, una de las exigencias sociales que marcaba era "el culto a la belleza, a la delgadez, que lleva a un alto consumo de anorexígenos, y que no es visto como algo que también expone a riesgos y que también puede ser una adicción". En este sentido, cabe destacar que en la Argentina, sólo la provincia de Buenos Aires decretó la prohibición de "la fabricación, manipulación, comercialización, prescripción y uso de medicamentos industrializados o preparados magistrales conteniendo sustancias ansiolíticas, asociadas con sustancias simpaticolíticos y parasimpaticolíticos", y la prohibición de "la fabricación, manipulación, comercialización, prescripción y uso de medicamentos industrializados o preparados magistrales conteniendo sustancias anorexígenas, asociadas entre sí, o con sustancias ansiolíticas, diuréticas, hormonas, extractos hormonales, laxantes o también con cualquier otra sustancia medicamentosa", basándose en una resolución de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), que determina que "...el uso de asociaciones de ansiolíticos con sustancias simpaticolíticos y parasinpaticolíticos causan grave riesgo a la salud humana..." al igual que "... el uso de asociaciones de anorexígenos con sustancias ansiolíticas, diuréticas, hormonas, extractos hormonales, laxantes u otra sustancia medicamentosa...". Pero volviendo a la función socialmente productiva de estas sustancias, Inchaurruaga aseguró que tampoco son vistos los riesgos que puede acarrear el consumo de sustancias estimulantes "cuando están asociadas a una super­inserción laboral, una hiper­productividad, un hiper­rendimiento, y sí escandaliza cuando este consumo ­sea adictivo o sea por la vía recreativa­ está más asociado a algo que no tiene que ver con la inserción social­laboral, sino que es cuando el consumo de drogas mismo los excluye, que es algo más asociado a las drogas de la pobreza, de los sectores marginales, más asociado a lo que se conoce como las sustancias visionarias, las sustancias que las personas consumen no para hacer otras cosas sino por el propio consumo en sí mismo, sea por que les da placer, sea como medio para el autoconocimiento o lo que sea, cuando hablamos de alusinógenos o de alguna otra sustancia en este sentido". De esta manera, en relación a las diferencias entre el consumo de drogas legales o ilegales, la titular de ARDA aseguró que "lo fundamental no está dado por la legalidad o no de la sustancia, sino que el punto que tenemos que interrogar es qué posición tiene la persona que consume. Digamos, para qué consume y por qué consume. Esa es la gran pregunta que cuando trabajamos en el campo del uso y del abuso de drogas tenemos que dejar siempre en el eje del debate: el sujeto, por qué una persona consume, por qué una persona necesita una sustancia para hacer más soportable su vida, por qué necesita determinada sustancia para cumplir un objetivo ­que puede ser un objetivo impuesto por nuestras sociedades­ porque la legalidad o la ilegalidad de la sustancia, lo que hace de última en nuestra sociedad es exponer a las personas a mayores riesgos o a mayores daños, porque cuando un consumo es clandestino, oculto, es porque está prohibido o porque pasa a ser mal visto por la sociedad", y ejemplificó: "El consumo de sustancias para adelgazar, que en determinadas épocas han aparecido señales de alarma, hay momentos en que eso parece ser absorbido por la moda o por este ideal de belleza que parece ser mayor que el ideal de la salud". "En este sentido ­continuó­ el efecto que tiene la ilegalidad son dos cuestiones claves: una es la clandestinidad, tener que consumir ocultándose, sin pedir la información necesaria sobre qué se consume y cuáles son los riesgos; y después el tema de la prohibición que tiene un efecto potenciador de todos los riesgos y todos los daños, porque que una sustancia sea ilegal significa que una persona puede ir a prisión por su consumo". Así, en relación a la penalización de la tenencia de drogas para consumo personal en la Argentina, Inchaurruaga destacó que "marca la diferencia entre lo que le puede pasar a un joven usuario ocasional de marihuana o a un adicto a la cocaína, que puede tener una pena de prisión o puede ser obligado a internarse en una institución para su tratamiento, y la diferencia de una persona que consume una sustancia socialmente tolerada que puede producir tanto o más daño que aquella, como por ejemplo el alcohol. Entonces esa persona no va a estar expuesta a todos esos riesgos y daños que le expone el sistema penal, pero sí va a estar expuesto a los mismos o mayores daños en relación a cómo va a estar expuesta su salud". Justamente, remarcó, "el alcohol es una sustancia que produce una adicción no sólo psíquica sino también física, y que expone a muchísimos riesgos. Es una de las principales causas de muerte en nuestro país, sin embargo el hecho de ser una sustancia legal marca estas diferencias, que muchas tienen que ver con la percepción social que tiene una cultura en un momento determinado". Informe: Paula Kearney.

Las drogas ¿se despenalizan?

Por Eva Giberti. Publicado en Pagina 12, 18 de marzo de 2008.

Durante los primeros tres días arreciaron los llamados telefónicos para buscar información acerca de “la despenalización de la droga”.

Con esa frase se grabaron múltiples mensajes en mi contestador, debido a mi participación en  el Comité Científico Asesor en Control de Tráfico Ilícito de Estupefacientes, Sustancias Psicotrópicas y Criminalidad Compleja.
La expresión “despenalización de la droga” evidencia cómo el imaginario social conduce a quienes leen y escuchan una noticia, a quedar capturados por una idea ajena al contenido de la información. Los medios de comunicación publicaron con claridad que se trata de lograr la despenalización de quienes consumen sustancias  conocidas como “drogas”
Lo cual constituye un proceso distante de esa imagen, instalada en determinados sectores de la sociedad que temen la “despenalización de  la droga”, descontando que si de eso modo sucediera, desembocaríamos en un caos ético  y social.
¿Puede penalizarse y luego despenalizarse una sustancia? ¿A qué denominamos droga? La respuesta formal: “Todo el mundo lo sabe…la juventud está arrasada por ese flagelo…”
Cuando se afirma que hay algo “que todo el mundo sabe” se  repite uno de los prejuicios clásicos del imaginario social: ese “todos” es lo suficientemente abarcativo como para resulte imposible responsabilizar a alguien concreto por dicha afirmación.
Estamos frente a un proyecto destinado a cuidar de quienes avanzan en el consumo de sustancias que podrían dañarlos, o que ya los han dañado, aportándoles los medios para contribuir a su mejoría o “salida” de su situación.
Un principio fundamental para trabajar en serio con ellos, reside en  aislarlos de cualquier intervención policial y desactivar la legislación  dogmática y  persecutoria que transformó el consumo personal en un delito
Al respecto, los técnicos en Derecho que forman la Comisión han sistematizado declaraciones que ponen de manifiesto no solo la inutilidad de las detenciones a cargo de la policía sino la violencia que las mismas significan para el trato con quienes están necesitando otra índole de acompañamiento.
Era necesario  decidir una política nacional abarcativa que comprometa a las instituciones que se ocupan de la salud, de la vida psíquica de quienes no logran zafar del consumo indebido, además de los imprescindibles aportes de personal idóneo en materia creatividad, laborterapia, técnicas dramáticas  y teatrales que acompañan las prácticas de rehabilitación En este nivel es donde nos movemos los profesionales del  denominado Mundo Psi y también los médicos. Mientras los expertos en leyes  describen  qué es lo que hay que evitar: judicializar a la persona que consume, nosotros, que transcurrimos horas al lado de esas personas, somos quienes  podemos reconocer la ferocidad del efecto de una legislación brutal en el ya vulnerable psiquismo de quien recurrió a “las drogas”


El pharmakon y los venenos
Alguna vez alguien, discutiendo el tema comentó: “Si se despenaliza la droga los jóvenes se van a volcar en ella…”
Los jóvenes, en realidad, están haciendo otras cosas, tratando de estudiar y de buscar trabajo. (Algunos creen que solo se ocupan de delinquir y haraganear, lo que ya constituye una definición de quienes piensan de este modo) Por su parte un segmento de adolescentes estrujados psíquicamente por  la necesidad de ser admirados y de formar parte de grupos “de avanzada”, se sumergen en baldes repletos con  basuras alcohólicas  cuyo consumo  suele conducirlos al coma alcohólico. Alcanza con hablar con los colegas que trabajan en las guardias de los hospitales durante los fines de semana.
¿Hay que penalizar al alcohol? La pregunta resulta tan absurda como la afirmación  que reza: “despenalizar la droga”.
“Pero no va  a negar que la droga es veneno”. Interesante el perfil cultural de quien lo afirma. Droga es una palabra de origen latino que se empezó a utilizar con ese significado en 1582 e inicialmente en los años 1220 a 1250 se escribía “avenino”
Ese significado funciona conjuntamente con la expresión que los griegos socráticos y los latinos denominaban  pharmakon, sustancia que es capaz de matary de curar. Palabra de la cual derivan farmacia y farmacopea, de manera que no es tan sencillo mantener una sola interpretación malevolente de la palabra; de allí que se utiliza la expresión sustancias y no “drogas “cuando queremos pensar cuidadosamente.


La encerrona semántica
¿Cómo se supone que podría condenar y sancionar una sustancia?
¡Ah no!!” Pero se entiende que no se refiere a sancionar a la droga sino a la gente que la vende y a quien la consume…” Esa es la trampa que permitió la creación de una legislación represiva  destinada a convertir en  personas castigadas a quienes por algún motivo  eligieron un arriesgado “alivio” en el uso de sustancias
Al generalizar el sentido de la palabra “droga” ,utilizada de manera incorrecta en realidad se apunta a sancionar a los consumidores, pero sin decirlo abiertamente, escamoteando el afán de encontrar un chivo expiatorio para justiciar y explicar determinados problemas y peligros sociales. Caracterizar a un consumidor como sujeto que amerita ser castigado es lo mismo que decirle: “Te sancionamos porque sos la representación del delito y del peligro social.  Sabemos que para ordenar esta sociedad corrupta, en la cual, además, todos somos víctimas de la inseguridad lo mejor es meterte preso  o marcarte con una sanción jurídica para que tengas miedo, vergüenza y se te reconozca culpable, partícipe voluntario de la destrucción de las buenas costumbres”. “Judicializándote tendrás que asumir tu culpabilidad y pecado y darte cuenta que sos un vicioso, diferente de nosotros que no usamos drogas; ustedes, los drogadictos  han estropeado a esta sociedad que entre todos tratamos de construir”
Plantearlo tan claramente evidenciaría la perversidad-necesidad de dañar al otro- de quien de este modo lo piensa y lo siente. Como manera de encubrir la necesidad de encontrar a alguien responsable por determinados transgresiones y delitos, la”droga”aporta el argumento mayor para desembarcarse de las propias responsabilidades  sociales. Proyectar en quien consume sustancias, cualquiera que ella sea, la maldad del mundo e intentar subsanarla mediante una legislación  que ha demostrado su fracaso, reclamaba una apertura ajena a la hipocresía cotidiana y admitir que aquellos cuya patología psíquica los ha conducido a buscar  sustancias,  engañados acerca de las  ventajas que obtendrían constituyen un núcleo de responsabilidad social. Corresponde empezar por estudiar esa patología, o esa desesperación existencial o la búsqueda coyuntural de placer.
Quienes disponen de dinero eluden el circuito de los excluidos, porque los servicios públicos existentes para  la atención de los necesitados de acompañamiento no alcanzan para atenderlos


La formación profesional
Tema que reclama la participación   por parte de las universidades en la formación de personal capacitado; además de contar con los presupuestos que permitan los, eludiendo los ad-honorem  que se instituyen como excesos  crónicos en nuestras instituciones. (Aun contando con el beneplácito generoso de los colegas).
Se trata de terminar con el mandato legal que se instala como dispositivo sancionador contra quien debe ser acompañado por  rostros ajenos al perfil judicial y policiaco. Cuando quien consume se convierte en mero destinatario de normas legales y administrativas y pierde su calidad de sujeto necesitado de una escucha abierta, en lugar de lo cual se transforma en quien debe responder a un interrogatorio, las intervenciones legales se torna hipócritas. El reino de derecho termina definiéndose por el poder de controlar la intimidad de los ciudadanos con el propósito de sentenciarlos.
Los técnicos  que esta Comisión se ocupan de las pautas del  derecho han  respondido con claridad. Quienes estamos en contacto cotidiano con quienes demandan ayuda para desbaratar su necesidad de consumir  sabemos que el proyecto actual  que cumple una función preventiva y asistencial temprana,   no ignora la gravedad del daño que las sobredosis y el hábito pueden producir  en quienes, antes de  recurrir a “la droga” fragilizaron sus recursos psíquicos-probablemente también  padecieron exclusiones diversas- y quedaron expuestos al uso erróneo del pharmakon.