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martes, 9 de junio de 2015

¿Trabajo Social Crítico versus Trabajo Social Nacional y Popular?

Por Norberto Alayón

Entre septiembre de 1977 y abril de 1978 escribí un texto sobre antecedentes históricos del Trabajo Social en Argentina, que fue publicado originalmente en Lima, Perú por el Centro Latinoamericano de Trabajo Social (CELATS). La 5ta. edición fue publicada en 2007 por la Editorial Espacio de Buenos Aires.

En las “Consideraciones finales” del libro decía: “Nos proponemos continuar la indagación sobre éstos y otros aspectos del Trabajo Social, circunstancialmente no incluidos en esta oportunidad. Pero especialmente nos interesa dejar esbozada una hipótesis de trabajo, con aspiraciones de llegar a demostrarla, sobre la existencia histórica -con sus avances y retrocesos- de un Trabajo Social liberal-oligárquico, de un Trabajo Social popular y de un Trabajo Social tecnicista. Lo estudiado en este primer intento, nos orienta en ese sentido.”  Y agregaba: “Finalmente, deseamos puntualizar que este ensayo sólo aspiró a desbrozar el camino y destacar la necesidad de investigaciones que relacionen -como debe ser- la Historia y la Política con el quehacer profesional y su interdependencia.”

Con frecuencia se formulan (y yo también lo hice y lo hago) afirmaciones tajantes, que suelen operar casi como consignas que nos permiten ubicarnos rápidamente, en el lenguaje coloquial, pero que no siempre despejan con mayor precisión las complejidades que encierran las “categorías” o las categorizaciones.

Cuando hace 34 años atrás, yo hablaba de un “Trabajo Social liberal-oligárquico”, de un “Trabajo Social popular”, y de un “Trabajo Social tecnicista”, creo que sabía, con mayor contundencia que hoy, pero tal vez con menor rigor, a qué me refería.

En el primer caso (“Trabajo Social liberal-oligárquico”), apuntaba a caracterizar a aquellas prácticas profesionales que se nutrían conceptualmente de las posiciones más conservadoras, negadoras de la vigencia de un orden social intrínsecamente injusto, plagadas de prejuicios interesados acerca del fenómeno estructural de la pobreza, que implementaban mínimas medidas paliativas y básicamente acciones de control social de las clases populares.

En el segundo caso (“Trabajo Social popular”) hacía referencia a una concepción antagónica con la anterior, que resaltaba el origen estructural y social de los problemas y necesidades insatisfechas que padecen los sectores populares, rescatando la impostergable puesta en vigencia de los derechos sociales para el conjunto de la población y, en particular, de los sectores más expoliados de la sociedad. Desde esta perspectiva, la profesión podría (y puede) contribuir (modesta, pero eficazmente) a la consolidación de una mayor justicia social.

En el tercer caso (“Trabajo Social tecnicista”) daba cuenta de los avances de carácter instrumental que se producían en la profesión, pero que evidenciaban serias limitaciones al no acompasarse con la necesaria comprensión de las causas de los problemas y con políticas de índole estructural que atacaran los núcleos duros de la explotación y la marginación.

Las consignas, con mucha frecuencia, no suelen decir demasiado. Muchas veces esconden limitaciones diversas, reduccionismos, hasta extravíos. Nos sirven sí para “comunicarnos” prestamente, para creer entendernos sin mayores explicaciones como con el uso del lenguaje en el ámbito familiar, pero nos pueden alejar de la comprensión debidamente fundamentada de la complejidad de la realidad.

Por ejemplo, referirse hoy a “Trabajo Social crítico” puede querer decir mucho, pero también puede decir poco. Lo mismo que referirse a “Trabajo Social nacional y popular”: puede querer decir mucho, pero también puede decir poco.

Y cabe el interrogante siguiente: “un Trabajo Social crítico”, ¿puede no ser “nacional y popular”? Y “un Trabajo Social nacional y popular”, ¿puede no ser “crítico”? Si “un Trabajo Social nacional y popular” no es crítico, ¿qué sería? ¿acrítico y ciegamente obsecuente? Si “un Trabajo Social crítico” no es nacional y popular, ¿qué sería? ¿antinacional y antipopular? Claro que hay que recordar que, en el campo propiamente político, en nuestros países ha habido (y hay) una “izquierda nacional” y una “izquierda antinacional”.

Me adelanto rápido, intentando emular la contundencia de hace más de tres décadas: un Trabajo Social “crítico” debe ser “nacional y popular”. Y un Trabajo Social “nacional y popular” debe ser “crítico”.

Un “Trabajo Social crítico” debe ser crítico precisamente de las estructuras de dominación y dependencia aún no definitivamente erradicadas en nuestros países, pero también debería estar en condiciones de reconocer y apoyar los procesos nacionales y populares (aunque inconclusos y pasibles de profundización).  En caso contrario, la legítima aspiración “crítica” se esteriliza, se extravía o bien puede contribuir objetivamente -más allá de las intenciones que se invoquen- a la no concreción de los cambios necesarios, fortaleciendo -de hecho- las posiciones más refractarias.

Un “Trabajo Social nacional y popular” debe preservar su capacidad de análisis crítico, aún  partiendo de su propia adhesión al proyecto “nacional y popular”, precisamente para garantizar el pleno cumplimiento de los más caros objetivos a favor de los derechos e intereses de los sectores populares.

Es necesario que todos comprendamos a fondo la diferencia entre “criticar para avanzar” (y esto hay que apoyarlo) y “criticar para paralizar y retroceder” (y esto hay que combatirlo).

Con Paulo Freire me reafirmo, en su expresión: “para poder mañana lo que hoy es imposible, tenemos que ir haciendo lo que hoy es posible”, y ello no significa claudicación ni resignación, sino agudeza política para comprender y enfrentar en concreto (más allá del “consignismo” abstracto) los desafíos coyunturales -pero también estratégicos- de la historia nacional y latinoamericana.
Norberto Alayón
Trabajador Social
Profesor Titular. Facultad de Ciencias Sociales (UBA)
Buenos Aires, Mayo de 2012

viernes, 29 de mayo de 2015

Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir (Argentina)


Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir (Argentina) 

CARTA PÚBLICA 

Somos profesionales de la salud de varias generaciones. Somos lxs que hacemos la atención directa, cara a cara, en cada territorio de nuestro país: en los centros de atención primaria de la salud, en los hospitales, en las giras médicas. Somos el eslabón más concreto de la política pública, estamos allí donde las leyes y los programas de salud se convierten en derechos para las personas, o en el otro extremo, se vulneran. Atendemos la salud de las mujeres: las acompañamos en su niñez y adolescencia, en su adultez, en su climaterio; en cada instancia en que recurren a los servicios de salud pública en los que trabajamos. Las atendemos en sus embarazos, sus partos, el cuidado de sus hijxs, cuando quieren usar algún método anticonceptivo; cuando se enfrentan a un cáncer de mama, cuando son víctimas de la violencia de género, cuando desean pero no pueden quedar embarazadas, cuando se encuentran frente a un embarazo no buscado, cuando deciden abortar. Nuestra posición es siempre la misma: respetamos la decisión de cada mujer promoviendo el cuidado de su salud en cada momento de su vida.

Son muchos los motivos por las cuales una mujer en un determinado momento de su vida decide interrumpir un embarazo. Puede ser un embarazo no deseado o puede ser un embarazo buscado que le resulta después imposible llevar adelante. Cada mujer tiene sus razones para abortar: por su proyecto de vida, por motivos económicos, familiares, emocionales, afectivos, etc. Desde nuestro punto de vista, someterse a un embarazo forzado atenta contra la salud integral de cualquier mujer. No respetar la autonomía de las mujeres en sus decisiones reproductivas, negarles el acceso a un aborto seguro implica tener para con ellas un trato cruel e inhumano. Esto atropella los principios de bioética que deben regir todas nuestras prácticas en salud.

Para cualquier mujer encontrarse con un embarazo no buscado, involuntario, es una situación posible: ningún método anticonceptivo es 100% seguro. Un embarazo involuntario algunas veces se transforma en un embarazo deseado para la mujer; pero muchas otras no. Las estadísticas demuestran que esto es una realidad frecuente: cada tres mujeres que se embarazan, una de ellas decide abortar. Diversos estudios estiman que en nuestro país se producen anualmente entre 335.000 y 500.000 abortos, mientras que se registran alrededor de 700.000 nacidos vivos por año (Mario y Pantelides: 2009). Esto representa una relación de un aborto por cada 2,1 ó cada 1,4 nacidos vivos (Ramos, Romero y Arias Feijoo: 2009).

Desde el punto de vista de la salud pública, el problema no es la práctica del aborto en sí mismo. Según la Organización Mundial de la Salud , un aborto realizado en buenas condiciones técnicas no pone en peligro la salud de la mujer; el problema radica en las condiciones de inseguridad, promovidas por el marco de clandestinidad en que los abortos se practican. (WHO, 2011)

Nos hemos acostumbrado a una realidad inadmisible: hace años que el aborto inseguro es una de las primeras causas de morbi-mortalidad de mujeres gestantes en Argentina.

Sólo en el año 2013 y a pesar del subregistro que sabemos que existe, 50 mujeres perdieron la vida al realizarse un aborto. (Estadísticas vitales , Ministerio de Salud de la Nación : 2013)

Son muertes evitables, son mujeres, hijxs, familiares, amigxs que sufren a causa de un problema evitable fácilmente.

La penalización del aborto provoca una situación complicada para las mujeres. Sin embargo, para las mujeres más pobres las consecuencias y obstáculos son mayores. Una vez más, son quienes más sufren la injusticia social que genera la hipocresía criminalizadora. Quienes pagan con su vida, quienes cargan con consecuencias para su salud y/o quienes son sometidas a interrogatorios y a experiencias de tortura física y psíquica en servicios de salud, son -sin lugar a dudas- las mujeres más pobres de este país.

Somos profesionales que nos sentimos parte de un colectivo más amplio que construye políticas de inclusión que mejoran la calidad de vida de las personas. En esto tenemos un rol específico, una responsabilidad concreta: velar por la salud de la población que atendemos. Nos tomamos esto en serio.

Somos trabajadorxs que tuvimos la oportunidad de estudiar en la universidad pública gracias al esfuerzo del pueblo al que pertenecemos. A partir del ejercicio de nuestra profesión queremos devolver ese esfuerzo, lo hacemos democratizando el saber y brindando atención de calidad a todas las mujeres . Lo hacemos intentando garantizar las interrupciones legales de embarazos que nos permite el marco legal vigente, realizando la práctica de forma segura y gratuita para las mujeres, siempre que podemos -muchas veces sorteando innumerables obstáculos y barreras. Lo hacemos basando nuestras prácticas en la evidencia científica y tratando de ofrecer los mejores estándares de calidad disponibles.

Pero falta mucho, faltan más decisiones políticas que aseguren la garantía de derechos humanos de las mujeres tales como los derechos sexuales y reproductivos, que protejan su salud y sus vidas. Falta que el Estado y sus instituciones avancen en el cumplimiento de las leyes vigentes y los tratados de derechos humanos que forman parte de nuestra Constitución. Falta que se legalice el aborto voluntario a solicitud de la mujer.

Sólo de esa manera podremos garantizar el acceso de las mujeres y de todas las personas al nivel más alto de salud que merecen.

Hoy, 28 de mayo de 2015, día de acción por la Salud de las Mujeres, y a diez años de la conformación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito de la que ahora somos parte, lanzamos la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir. Decimos públicamente: Nosotrxs estamos a favor de la legalización del aborto, y somos quienes realizamos abortos no punibles en el sistema de salud. Estamos a favor del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, sobre sus vidas. Estamos a favor de la vida: de la vida de las mujeres, de una vida digna, sin miedos ni sufrimiento a causa del ejercicio del derecho a decidir cuántos hijxs tener, cuándo tenerlos, o si tenerlos o no. La legalización del aborto es una deuda que esta democracia mantiene con las mujeres. Una deuda ilegítima e injusta.

Desde la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, exigimos al Estado:

- Que los diputados y diputadas, representantes políticos, impulsen en el Congreso de la Nación el debate sobre la legalización del aborto; se impone la urgente realización de un debate maduro, basado en los derechos civiles, en el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, jóvenes y niñas, contemplados en los tratados internacionales y en la legislación vigente.

- Al Ministerio de Salud de la Nación le solicitamos la conformación de una mesa de trabajo para diseñar e implementar acciones con el objetivo de disminuir la morbi-mortalidad por gestación a causa de abortos inseguros en el país. Queremos mayor capacitación y el acceso a insumos necesarios como medicación (misoprostol y mifepristone) e instrumental, para realizar las interrupciones legales del embarazo, de forma segura y con el método que la mujer elija. En este sentido también vemos imprescindible la aprobación del uso ginecoobstétrico del misoprostol y su producción pública en presentaciones adecuadas para realizar interrupciones legales del embarazo.

Nos dirigimos también a la sociedad en general, para seguir fomentando que hablemos, que sigamos rompiendo el tabú sobre el aborto, sabemos que el silencio no es salud, y que el aborto es parte de la vida de las mujeres. Un aborto no es necesariamente una experiencia traumática: cuando la mujer decide con autonomía, cuenta con un servicio de salud que le provee un aborto sin riesgos y tiene el apoyo necesario para resguardar su salud integral, el aborto es una experiencia más en su vida.

Nuestras palabras están dirigidas, además, a los y las profesionales de la salud, para que tomen conciencia de la importancia de cuidar la salud de las mujeres. Frente a una mujer que decide interrumpir un embarazo, como profesionales de la salud tenemos el DEBER ético y legal de brindarle la atención adecuada para que este evento no ponga en riesgo su salud ni su vida. Este deber ético se corresponde con nuestro DERECHO a ejercer la profesión según lo que nos dicta la CONCIENCIA. Realizar las interrupciones solicitadas en los casos contemplados en el Código Penal, así como informar a las mujeres que consultan, son prácticas que nos sacan de la clandestinidad, lugar donde no nos corresponde estar.

Por último, les decimos a todas las mujeres, sean jóvenes, adultas, ricas, pobres, creyentes o ateas, que si en algún momento se encuentran frente a un embarazo que deciden interrumpir: acá estamos, hagan consultas, no se queden solas. La decisión es de cada una, y nosotrxs estamos para respetarlas, acompañarlas y hacer que esa decisión no las exponga a ningún sufrimiento. Tienen derecho a contar con la información necesaria y con los métodos anticonceptivos que elijan, tienen derecho a ejercer su sexualidad libre y placenteramente.

Nosotrxs realizamos interrupciones legales del embarazo cuidando la salud de las mujeres. 
Exigimos una ley nacional que reconozca este derecho sin restricciones. 
Aborto legal para decidir.




Bibliografía: 

Mario, Silvia y Pantelides, Edith : Estimación de la magnitud del aborto inducido en la Argentina .Notas de población Nro 87. CEPAL. 2009

Ministerio de Salud de la Nación. Estadísticas Vitales 2013. Publicado en Diciembre de 2014. Disponible en:http://www.deis.msal.gov.ar/Publicaciones/Archivos/Serie5Nro57.PDF

Organización Mundial de la Salud : Aborto sin riesgos. Guía técnica y de políticas para los sistemas de salud; Ginebra, OMS. 2003

Organización Mundial de la Salud. Aborto sin riesgos: guía técnica y de políticas para sistemas de salud. Segunda edición. 2012.

Ramos, S.; Romero, M. y Arias Feijoó, J.: El aborto inducido en la Argentina: ¿un viejo problema con un nuevo horizonte? P. Bergallo (comp.) . Aborto y justicia reproductiva, Buenos Aires . Editores del Puerto, 2011.

lunes, 9 de febrero de 2015

Demanda y estrategias de intervención en prevención


Por:  Lic. Silvia Mónica Gianni. * (Datos sobre la autora)
Ponencia en PRIMERAS JORNADAS DE TRABAJO SOCIAL DEL CE.NA.RE.SO.
Publicado en:  Periódico de Trabajo Social y Ciencias Sociales  - Edición electrónica.  Edición N° 23 - primavera 2001



Cuando se habla de la problemática del consumo de sustancias tóxicas, escuchamos por un lado que éste “es un problema complejo”, de muy difícil abordaje, que requiere la concurrencia de múltiples disciplinas y actores, compromiso militante... Justifica un “día Internacional de lucha contra la drogadicción”... Paradójicamente, aparece una cuestión reduccionista en donde desde todos los lugares y cualquier lugar se da una respuesta acerca de causas y soluciones a este problema.Así, escuchamos que el deporte seria una vacuna eficaz contra el consumo de drogas; compañías de recolección de residuos nos anuncian como campaña preventiva que “la droga es basura”; carteles de bienvenida al conurbano bonaerense apelan a la voluntad de los jóvenes pidiendo “decile sí a la vida, no a la droga”; distintas instituciones se unieron para organizar marchas con velas en el día internacional mencionado, para que no haya mas drogas.
Da la sensación de que se pendulara, sin solución de continuidad, entre el “nada se puede” y el “todo vale”. Obviamente esta presentación no pretende sumarse a afirmaciones, certezas, recetas y demás.
Humildemente intentaría desandar algunas premisas dadas como ciertas, ensayar algunas ideas y, fundamentalmente, propiciar un espacio en donde la práctica tenga un lugar privilegiado que alumbre nuestra posibilidad de conceptualizar.
Hay una constelación de expectativas que se tienen respecto de la prevención que debemos atravesar y reformular a la hora de iniciar un proceso.
Así, la mayoría de las veces, se espera de nosotros la propuesta de una actividad masiva, informativa, que implique una apelación moral a la modificación de una conducta. Por ello, una forma de comenzar a elaborar una aproximación conceptual sobre este tema puede ser la de analizar la demanda, dado que, del tratamiento que demos a esta demanda, dependerán los resultados de nuestro trabajo.

Podemos decir de otro modo que, de la caracterización que hagamos del problema planteado por las instituciones que nos consultan , devendrán los qué hacer, con quienes, dónde, cuándo, por qué, para qué, etc.
Recibimos consultas que reflejan diferentes niveles de trabajo, discusión, elaboración previos.
Así, podemos clasificar, a los fines de hacer más operativa la transmisión de conceptos, de este modo los diferentes tipos de demanda en la primera entrevista:


  • Miembros de Instituciones (escolares, barriales, políticas, culturales), que llegan solicitando un encuentro para otros (alumnos, jóvenes del barrio, afiliados) a los fines de dar a conocer lo peligroso de consumir sustancias tóxicas y apelar a su voluntad, para que puedan negarse a tener estas experiencias.
  • Demanda sobre situaciones concretas dentro de una institución, barrio, etc. en donde el monto de preocupación, ansiedad y hasta angustia de quienes consultan aparece más claramente y el pedido se refiere a una “capacitación” a los fines de “detectar”, “saber como tratar” “qué decir”, etc.
  • Otro conjunto de experiencias se ubican en un pedido de orientación, donde se haga un tratamiento de la cuestión que aparece denunciada con el consumo de drogas.

Estos diferentes niveles no tienen entre sí una relación sincrónica ni secuencial, sino que, algunas veces, a partir de una demanda que podemos ubicar en este 1° nivel en la primera entrevista, se pueden desplegar cuestiones que, al finalizar la entrevista están en el nivel de la orientación o, dentro de la misma institución, se trabaja con un grupo en un nivel y con otro en otro.
Otras veces será necesario responder parcialmente a un pedido para que algo pueda ser escuchado y modificado.
Y así como vemos que muchas familias que no habían consultado antes por otras señales de dificultades, sí lo hacen al aparecer el consumo de drogas, en el caso de las instituciones, grupos de vecinos, etc., esta situación de consumo sirve como punto de partida y pretexto de reunión para preguntarse sobre otras cuestiones muy relevantes, pero mas difíciles de abordar directamente (muertes, violencia, hambre). A continuación, y a los fines de aclarar conceptos, les propongo que trabajemos sobre un cuadro y algunas experiencias:
  • ¿Cómo llega la demanda?La mayoría de las veces, las personas que solicitan la participación de un servicio de prevención, lo hacen con un pedido muy concreto: “Necesitamos un taller sobre prevención para docentes del turno mañana en fecha destinada a formación docente. Tenemos 2 horas para trabajar este tema, dado que las otras dos horas las necesitamos para cuestiones internas”, decía un director de escuela en un llamado telefónico.
    Esto nos hace pensar que en esa Institución ya se ha hecho un diagnóstico de situación y se ha evaluado qué es lo necesario para dar respuesta a la misma, entonces se hecha mano a un recurso para responder a aquello que evaluó esa Institución. No es este pedido una invitación a investigar juntos un problema.
    A veces recibimos los pedidos por parte de terceros que funcionan como adelantados, no llegan por estar preocupados, sino que son enviados para tener datos formales de la Institución, que les permitan hacer un cuadro de situación previo a la actividad (horarios, fechas posibles, condiciones) (“vengo yo porque vivo cerca”, “yo puedo salir de mi trabajo sin problemas”).
    Me parece interesante incluir en este punto algunas ideas, experiencias, sobre los que no llegan a las instituciones. Habitualmente aparece una situación de encrucijada para los profesionales de la salud: “nada se puede hacer si no llegan a las Instituciones” o “salir a buscarlos allí donde ellos están”. La idea en esta presentación es la de incluir una tercera posibilidad, que alude a encontrar la llave a partir de una demanda comunitaria con la que sí podemos encontrarnos.
  • QuiénesCuando hablamos de personas preocupadas, es importante señalar que nos referimos a aquellos que tienen un nivel de compromiso con la situación, se sienten involucrados, preocupados, creen que tienen que hacer algo. Esto no tiene ninguna relación con el lugar que ocupan en la Institución de la que provienen, ni jerárquico, ni funcional.
    Así, al hablar de representantes no nos referimos a las personas que tienen responsabilidad institucional, sino a aquellos que provienen de una institución o comunidad y están preocupados por lo que allí ocurre, y quieren pensar, hacer algo en relación a su preocupación.
    Creo que este punto es de suma importancia. Por un lado hay un discurso que alude a una necesidad de cosa total, completa, en donde se dice “en este tema tienen que estar todos” “si no estamos todos nada se puede hacer”, y la experiencia no dice eso, sino que sólo pueden modificar una situación quienes se sienten involucrados, comprometidos con ella.
    Por otro lado se puede confundir el lugar jerárquico con el referente institucional “si la dirección de la escuela no está presente nada se puede hacer” “hay que comprometer a la conducción de la junta vecinal”. En donde se comienza por el final, dado que muchas veces, la consecuencia de un trabajo institucional es el compromiso o cambio de actitud o de lugar de quienes conducen esa institución y no la condición para comenzar.
    Por supuesto que es de mejor pronóstico cualquier trabajo en cualquier ámbito en donde la mayor parte de las personas estén motivadas, preocupadas, escuchen las dificultades que aparecen en el lugar donde viven o trabajan.
    Pero cuando una Institución, barrio etc. consulta porque hay consumo de drogas en su lugar, va de suyo que este consumo indica alguna cuestión a trabajar.

    Más allá de las dificultades individuales de quien o quienes protagonizan un episodio de consumo de drogas, la elección del lugar y situación no es aleatoria.
    El consumo de drogas no es un hecho solitario, necesariamente apela a otro que acuse recibo de ese llamado, y como tal, resulta altamente eficaz. Por ello, a poco de empezar a andar, convocados por el problema del uso de drogas, nos encontraremos con un hilo conductor que nos señale que cosas son las que, constituyendo un problema para un grupo, una institución o una comunidad, aparecen encandiladas por la aparición de sustancias tóxicas.

    Cuando recibimos a una directora de escuela preocupada por el consumo de drogas en su Institución, escuchamos también a alguien que se pregunta por las dificultades que tiene a diario en el ejercicio de su función, y pide ayuda y sostén para dar una respuesta cabal desde ese lugar.
    En el punto anterior mencionaba esta idea de qué hacer con quienes no se acercan a las instituciones y como encontrar esa llave que permita un encuentro.

    En principio, estas preguntas me las hice a partir de reconocer posibilidades y límites de la institución donde trabajo, en tanto institución pública, monovalente, especializada en tratamiento y prevención de la drogadicción, por lo tanto, estas preguntas no aparecen por cuestionar estrategias de encuentro entre grupos poblacionales e instituciones, como pueden ser operadores de calle, etc., sino a partir de una lectura de lo complejo de la configuración de esta institución en particular, con la singular problemática que atiende, que tiene la característica, esta problemática, de ser mas convocante que otras (que el alcoholismo, el mal de chagas, la problemática de los niños de la calle), genera mas rápidamente un involucrarse en los otros, con la consiguiente compulsión a hacer algo y rápido.
    En este marco, y hechas estas aclaraciones, me refiero q vecinos que consultan por una preocupación respecto del consumo de drogas de chicos de su barrio. Hablan de los chicos de la esquina. Aquellos que se juntan a tomar cerveza, fumar marihuana o inyectarse, según sea la realidad de la comunidad de donde provienen.
    Así como hay familias que nos consultan cuando sienten un olor extraño en la habitación de sus hijos, o encuentran objetos desconocidos y otras lo hacen cuando no pueden evitar que sus hijos se inyecten en el baño, los grupos poblacionales tienen diferentes niveles de alarma y posibilidades de respuesta, que tienen un correlato con niveles de alarma y respuesta en otras situaciones de su vida comunitaria: ¿Cómo reaccionan ante los atropellos policiales? ¿cómo es la relación con las instituciones que representan al estado en la comunidad: escuela, centros de salud? ¿de participación? ¿de sometimiento? ¿cómo se manejan ante los problemas de los vecinos? ¿cómo consiguieron su tierra o vivienda? ¿sienten vergüenza u orgullo de su experiencia colectiva? ¿sus instituciones los representan? Cualquier parecido entre las respuestas a estas preguntas de la dimensión barrial a la nacional es pura coincidencia.
    Entonces, me gustaría aclarar un poco más acerca de esa cuestión de la demanda, que posibilita un trabajo en común y en donde el tratamiento que le demos a esta será la clave para responder a las preguntas de ¿con quiénes trabajar? ¿qué? ¿cómo? ¿para qué? ¿dónde?.
    Estas personas que llegan a consulta son en general vecinos, en su mayoría mujeres preocupados. Cuando estas personas nos convocan, traen una pregunta que será la llave de todo lo que pueda desplegarse después ¿ qué nos paso? ¿cómo, cuando cortamos lazos con estos chicos que hoy nos roban, nos intimidan, nos asustan y ayer jugaban en mi patio?
    Esta pregunta apunta a un cuerpo social fragmentado, que contiene y trasciende las experiencias comunitarias. Es un grupo al que quieren ayudar y del que se quieren cuidar. Hijos de ellas o amigos de sus hijos, no es una consulta como madres o como vecinas: madres vecinas/vecinas madres.

    En mi experiencia no me ha sucedido que esta forma de consulta la hagan dirigentes comunitarios de organizaciones como juntas vecinales, locales partidarios, punteros, etc. En estos últimos, los pedidos tiene mas que ver con un evento, una charla, pero no llegan con estas profundas preguntas, esta sensación de impotencia, inermidad. Por lo que este concepto de líderes a los que habría que detectar, no aparece como vía de comienzo de un proceso. Sí es esperable que en algún momento de este proceso, haya una intersección entre los grupos que inicialmente demandan en relación al consumo de drogas en su barrio y quienes conocen, aglutinan, organizan movimientos que tienen que ver con los derechos de los pobladores, la organización de sus luchas, etc.
    “Nuestro problema es el consumo de drogas”, decían los pobladores de una “villa miseria” del GBA. Un barrio donde la mayor parte de la población tiene las necesidades básicas insatisfechas, estando por debajo de la línea oficial de pobreza, donde la violencia social y policial se lleva cada semana la vida de los mas jóvenes, en donde los mismos señalados como violentos son las víctimas de la violencia propia y ajena.
    No son los chicos del barrio, hijos del barrio, que están desenganchados de todo proyecto y en una esquina denuncian todo su malestar quienes se van a acercar a una propuesta de una “Institución especializada”. Porque ellos denuncian, no piden “tratamiento”. Los que se movilizan “por ellos”, en realidad por lo que ellos movilizan en quienes consultan, son los que pueden destrabar, traducir, reformular esto que aparece ubicado en el consumo de drogas.
    Y así, serán quienes, a partir de arribar a un diagnóstico de su propia situación, puedan establecer una serie de problemas, jerarquizarlos, relacionarlos con los actores necesarios para transitar su tratamiento, discriminar cuales están en la orbita de su familia, su cuadra, su manzana, su barrio, municipio, provincia, país.
    Por eso, creo en una prevención que escuche, mas que decir. Porque en la medida que escucha puede atender aquello que aparece denunciado por el consumo de drogas. En tanto “diga”, obturará la posibilidad de trabajar sobre lo que realmente importa.

Por último, quisiera a partir de dos citas incluir la cuestión del rol del Estado:
Dice Heinz Dieterich Steffan:
“…El camino a la barbarie en la convivencia humana se abre cuando el estado se vuelve autoritario “absorbiendo” la sociedad civil o cuando pierde sus funciones civilizadoras, convirtiéndose en simple complemento ejecutor de una instancia superior, como el Mercado”Y Pierre Bourdieu: 
«…No se puede jugar con la ley de la conservación de la violencia: toda la violencia se paga y, por ejemplo, la violencia estructural ejercida por los mercados financieros, en la forma de despidos, pérdida de seguridad, etc. se ve equiparada, más tarde o más temprano, en forma de suicidios, crimen y delincuencia, adicción a las drogas, alcoholismo, un sinnúmero de pequeños y grandes actos de violencia cotidiana.