Diálogo con Paula Goltzman.
Publicado en: Débora Kantor (2008) Variaciones para educar adolescentes y jóvenes. Buenos Aires: Del estante editorial.
Disponible en: http://issuu.com/federiconantes/docs/goltzman_2008_-_trazar_caminos_de_e/1
Extractos:
"Muchas de las personas que usan drogas,
sobre todo los más jóvenes, están y pasan gran parte de su vida en lo que
podríamos denominar genéricamente la calle: las esquinas, los baldíos, los lugares
de encuentro como pubs, pooles y plazas de los barrios. Desde hace mucho
tiempo, venimos percibiendo que esos son espacios privilegiados de intervención.
Esa perspectiva confronta con los discursos y las intervenciones más
habituales. Las organizaciones comunitarias, por ejemplo, procuran generalmente
sacar a los pibes de esos contextos; la idea que prima es que hay que
correrlos de esos lugares y lograr que vayan a las instituciones para realizar
determinadas actividades. (...)
Nuestra propuesta hacia las organizaciones
con las que trabajamos no es nada original en ese sentido; hay muchísimos
antecedentes de lo que llamamos un trabajo en calle, en el sentido amplio
de calle, con todas esas posibilidades y espacios que señalé antes. En definitiva,
es eso: actuar donde los pibes se encuentran; ninguna pretensión, por
lo menos en el inicio, de que los pibes dejen sus lugares para ir a algún otro
a realizar un taller o una actividad. De lo que se trata es de establecer un diálogo,
y podemos dialogar en esos espacios (...)
Gran parte de la vida de los pibes, sobre todo de los sectores
más pobres, pasa en esos espacios, y es ahí donde uno debe y puede poner
una palabra, buscar y construir otros sentidos para ese espacio que es la calle.
Y es allí donde se abre la posibilidad de establecer la confianza con los pibes,
vínculos con ellos que facilitan otros objetivos, porque el primer objetivo,
cuando encaramos el trabajo, es contactarnos, al comienzo no hay más que eso. (...)
después, de a poco, mucho más que eso, después viene ese plus
que se va construyendo junto con los grupos, con los pibes, con los usuarios,
con quienes estés trabajando. Pero el primer objetivo es la confianza, no hay
ninguna otra pretensión. Cuando lo que se plantea es «la reducción de daños»
como enfoque y estrategia de trabajo, los objetivos básicos, iniciales, son sumamente
cercanos, de bajo requerimiento. Posteriormente hay posibilidad de
otros objetivos. En ese bajo requerimiento, sobre todo con los pibes con los
cuales trabajamos –los más vulnerabilizados, los que viven en condiciones muy
precarias–, el objetivo básico es establecer este contacto y que los jóvenes puedan
llegar a identificar, a reconocer a ese promotor que está trabajando en la
calle como un puente para el diálogo, como alguien que trae otros elementos
simbólicos de discusión sobre el tema de drogas o sobre otros temas que preocupan
a los pibes. (...)
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martes, 16 de junio de 2015
Jóvenes y uso de drogas. Implementación de un dispositivo de atención en el ámbito escolar
Por Jorgelina Di Iorio; Paula Goltzman; María Pía Pawlowicz; Javier Castagnola;
Damián Fernández Courel; Lila Solano, Gastón Núñez
Intercambios Asociación Civil/ Fundación Armstrong
2012
Disponible en http://issuu.com/federiconantes/docs/j__venes_y_uso_de_drogas._implement/1
Ver también http://ficherofn.blogspot.com.ar/2015/06/no-te-sientas-zarpado-promocion-de.html
Extractos:
"(... )En el caso de los jóvenes, la preocupación por el consumo de drogas es parte de la agenda pública en general, y de la de las escuelas medias en particular, siendo el enfoque preventivo el que hegemoniza dicha agenda.
Según Touzé (2010), la formación sobre el uso problemático de drogas y su prevención responde, generalmente, a enfoques reduccionistas y monodisciplinares, que reduce el problema a los efectos producidos por el uso de drogas. Las cuestiones relativas a la atención del uso problemático y al tipo de dispositivos posibles desde el espacio escolar están menos desarrolladas. Y cuando aparecen se presentan como nuevas formas de castigo y de control social, en tanto que el uso de drogas se define como práctica social desviada (considerada como delito o enfermedad), individualizándose las dificultades humanas y minimizando su naturaleza social (Touzé, 2006).
El acercamiento en el ámbito educativo al tema drogas se caracteriza en general por traducirse en propuestas centradas en lo preventivo, donde se focaliza en los jóvenes sobre la base de definiciones del riesgo (Kantor, 2008).
Con frecuencia se escucha en el ámbito educativo que la función de la escuela debe ser estrictamente prevenir y que la atención debe ser por “fuera” de la escuela. Son típicas por ejemplo las clases donde se describen las sustancias ilegales y sus efectos químicos en el cuerpo.
Siguiendo a Di Leo y otros (2011), las propuestas preventivas, en su mayoría, podrían responder a conceptualizaciones de los adolescentes y los jóvenes basadas en la negación de sus capacidades y en la negativización de sus prácticas (violencias, transgresiones, riesgos sociales), que configuran escenarios institucionales en los que se “obstaculizan las posibilidades de (re)construcción de lazos sociales y los trabajos de reconocimiento mutuo, fundamentales no sólo para el fortalecimiento y/o institucionalización de todo tipo de estrategias de promoción de la salud en ámbitos educativos y, en general, para la reconstrucción, fortalecimiento y relegitimación de la escuela secundaria en el contexto actual” (Di Leo y otros, 2011:7).
A esta característica de los espacios de atención, también se suman otras limitaciones propias de los modelos sustentados en la abstinencia, así como también las dificultades en la accesibilidad para los usuarios de drogas a los servicios de salud y salud mental. Frente a esto, los dispositivos de atención basados en intervenciones territoriales, y fundamentados desde el paradigma de la reducción de daños han ido ganando aceptación. En ellos se consideran las relaciones de las personas, las sustancias y los contextos de uso, adecuándose las intervenciones a las características de los usuarios y de la comunidad donde se implementan (Galante y otros, 2009). (...)
Damián Fernández Courel; Lila Solano, Gastón Núñez
Intercambios Asociación Civil/ Fundación Armstrong
2012
Disponible en http://issuu.com/federiconantes/docs/j__venes_y_uso_de_drogas._implement/1
Ver también http://ficherofn.blogspot.com.ar/2015/06/no-te-sientas-zarpado-promocion-de.html
Extractos:
"(... )En el caso de los jóvenes, la preocupación por el consumo de drogas es parte de la agenda pública en general, y de la de las escuelas medias en particular, siendo el enfoque preventivo el que hegemoniza dicha agenda.
Según Touzé (2010), la formación sobre el uso problemático de drogas y su prevención responde, generalmente, a enfoques reduccionistas y monodisciplinares, que reduce el problema a los efectos producidos por el uso de drogas. Las cuestiones relativas a la atención del uso problemático y al tipo de dispositivos posibles desde el espacio escolar están menos desarrolladas. Y cuando aparecen se presentan como nuevas formas de castigo y de control social, en tanto que el uso de drogas se define como práctica social desviada (considerada como delito o enfermedad), individualizándose las dificultades humanas y minimizando su naturaleza social (Touzé, 2006).
El acercamiento en el ámbito educativo al tema drogas se caracteriza en general por traducirse en propuestas centradas en lo preventivo, donde se focaliza en los jóvenes sobre la base de definiciones del riesgo (Kantor, 2008).
Con frecuencia se escucha en el ámbito educativo que la función de la escuela debe ser estrictamente prevenir y que la atención debe ser por “fuera” de la escuela. Son típicas por ejemplo las clases donde se describen las sustancias ilegales y sus efectos químicos en el cuerpo.
Siguiendo a Di Leo y otros (2011), las propuestas preventivas, en su mayoría, podrían responder a conceptualizaciones de los adolescentes y los jóvenes basadas en la negación de sus capacidades y en la negativización de sus prácticas (violencias, transgresiones, riesgos sociales), que configuran escenarios institucionales en los que se “obstaculizan las posibilidades de (re)construcción de lazos sociales y los trabajos de reconocimiento mutuo, fundamentales no sólo para el fortalecimiento y/o institucionalización de todo tipo de estrategias de promoción de la salud en ámbitos educativos y, en general, para la reconstrucción, fortalecimiento y relegitimación de la escuela secundaria en el contexto actual” (Di Leo y otros, 2011:7).
A esta característica de los espacios de atención, también se suman otras limitaciones propias de los modelos sustentados en la abstinencia, así como también las dificultades en la accesibilidad para los usuarios de drogas a los servicios de salud y salud mental. Frente a esto, los dispositivos de atención basados en intervenciones territoriales, y fundamentados desde el paradigma de la reducción de daños han ido ganando aceptación. En ellos se consideran las relaciones de las personas, las sustancias y los contextos de uso, adecuándose las intervenciones a las características de los usuarios y de la comunidad donde se implementan (Galante y otros, 2009). (...)
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