Por Mario Testa
Disponible en: http://www.unla.edu.ar/documentos/institutos/isco/cedops/libro2a5.pdf
Extracto: "Lo más importante a dilucidar con respecto a la APS es si se trata de una atención primaria o primitiva, es decir, si sus establecimientos conforman o no parte de la red asistencial. Esto no depende de una definición legal del establecimiento en cuestión, sino del derecho real del usuario a acceder a toda red asistencial"
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martes, 2 de junio de 2015
lunes, 1 de junio de 2015
Salud mental es política. Esbozo para un debate
Por Héctor Seia
Luego de la devastación causada por el neoliberalismo, en América latina se está tratando de recrear nuevas formas de convivencia y reconocimiento. Frente a la medicalización generalizada, nuevas terapias y tratamientos ganan lugar para poner en discusión un modelo basado en el lucro y la mercantilización, para pasar a otro centrado en la salud de los pacientes.I
El término salud mental (SM) fue creado luego de la Segunda Guerra Mundial, y sus contenidos y objetivos fueron motivados por la destructividad inaudita de tal hecho histórico. El I Congreso Internacional de Salud Mental tuvo lugar en Londres en 1946.
Según lo establecido en tal encuentro multidisciplinario, el propósito de la salud mental era el estudio de la violencia y la destructividad de individuos y colectivos humanos, su conceptualización y la puesta en práctica de condiciones de existencia que promovieran el desarrollo de potencias autónomas y solidarias, de carácter creativo, que actúen de manera hegemónica por sobre las fuerzas depredadoras.
Se abría de esta manera un amplísimo campo que interesaba, teórica y prácticamente, a toda la extensión y profundidad de la vida humana; modo de crianza, educación, trabajo y demás condiciones en donde se desarrollan los individuos y los grupos.
El razonamiento inicial de la SM era el siguiente: si determinada formación de sujeto había sido capaz de provocar tamaño triunfo de la muerte y la destrucción, tendrían que existir las posibilidades para lo contrario, es decir, para la provocación de un crecimiento en potencia y en constructividad.
El manifiesto de ese primer congreso, titulado “Salud Mental y Ciudadanía”, expresa: “Los estudios sobre desarrollo humano indican que el comportamiento es modificable a lo largo de la vida, especialmente durante la infancia y la adolescencia, por el contacto humano. El examen de las instituciones sociales de muchos países muestra que estas también pueden ser modificadas. Estas posibilidades recientemente reconocidas proporcionan fundamentos para mejorar las relaciones humanas, para liberar potencialidades constructivas y para modificar las instituciones en aras del bien común”.
Por lo tanto se puede señalar a la SM como el conjunto de saberes y acciones tendientes a la producción de subjetividades, a la generación de hombres y mujeres autónomos y solidarios, cuyo protagonismo se oriente a la creación de la vida y al respeto a la diversidad humana. Significa, en última ratio, el tipo de relación entre individuos y grupos concretos, en situaciones también concretas, que pueden establecer vínculos convivenciales y no destructivos y, por eso mismo, círculos virtuosos de inclusión (en el sentido material y simbólico). Y esto es el sentido raigal de la palabra y un proceso político, y que incluye a todas las dimensiones de la política: lo micro, lo macro; lo molecular, lo molar. La SM no es una disciplina específica, sino el direccionamiento de los grupos hacia perspectivas que pueden ser progresivas si discurren hacia la inclusión, el reconocimiento y la aceptación de la diversidad, y pueden ser regresivas si tienen la tensión contraria.
La SM es el proceder en los distintos campos de las vinculaciones humanas (primeras relaciones objetales, educación, esfera laboral, vida cotidiana, distintas configuraciones institucionales, etc.) con el cometido de abrir un espacio al desarrollo de individuos y grupos críticos a las dominaciones y sensibles a la explotación y al desprecio. Esto último es importante: una sensibilidad concreta frente al otro: punto cero de lo político.
No debe confundirse SM con los componentes que integran lo que se puede nombrar como dispositivo Psi:psiquiatría, psicología, psicoanálisis, psicoterapia, psicofármacos, enfermedades mentales, hospitales psiquiátricos, etc. Disciplinas como la psiquiatría pueden hacer (o no) aportes a la SM, y esta, por otra parte, no es el antónimo de enfermedad mental. Esto último, “enfermedad mental”, es un concepto, cuanto menos, discutible.
No es la SM sólo un emprendimiento de expertos. Es, sí, un diseño que va adquiriendo complejidad y multidimensión por el aporte de diferentes disciplinas y experiencias.
Incluidos, pero muy selectivamente, algunos componentes del mencionado dispositivo Psi. Todo este bagaje tiene que ser empoderado por los grupos más diversos, verdaderos sujetos de la acción que, por ser plural, social, pasa a ser actividad popular.
Se descuenta que todo lo expresado, y como toda tarea humana, está condicionado por lo áspero y contingente de la realidad, las contradicciones y las resistencias de dentro y de fuera de las personas, como la oposición de intereses dentro de la sociedad y la fragmentación de la misma en clases, estatus, etc. Fácilmente queda fuera de juego cualquier facilismo o utopismo. Las relaciones intersubjetivas están marcadas por signos de poder y de resistencia, y es tarea política darles articulación y sentido a esas relaciones signadas también por la gradualidad y reversibilidad. Lo determinante, en suma, es el enfilamiento del accionar social: hacia lo progresivo o hacia lo regresivo.
Lo que corrientemente se denomina neoliberalismo (también queremos discutir este rótulo) ha provocado, y provoca, profundas corrupciones (en el sentido original del término) en el seno de las sociedades, desde hace décadas, generando una crisis civilizatoria hegemonizada por la pulsión de muerte (a esta no se la debe tomar como una cuestión puramente psicologista).
II
Lo expuesto más arriba nos sirve para dar marco a los problemas concretos de malestar y sufrimiento subjetivo e intersubjetivo, que no son otra cosa que el objeto de la psiquiatría, la psicología, la psicopatología, las psicoterapias, etc.; componentes del dispositivo Psi que funcionan en el sentido de describir las diversas formas de dichos padecimientos y su remediación. Y es en el modo que tienen las estrategias que monta el dispositivo para cumplir sus funciones, el que permite leer el sentido, la significación de las operaciones puestas en juego en este campo de la salud. A saber: 1) si están propulsadas por una fuerza hegemónica que produce exclusión, falta de reconocimiento y cosificación (vectores estos de poder, por lo tanto de carácter político), y 2) por la presencia de una resistencia (que a su vez puja por lograr la hegemonía, también) que tiende a provocar vínculos que estén abiertos a incluir cada vez mayores formaciones humanas, más diversas y más reconocidas entre sí.
Son dos modalidades de enfrentar los problemas de salud mental, incluyendo las posibilidades intermedias, constituyéndose en actos políticos plenos, ya sea en un plano macro como lo son las políticas de Estado (por comisión u omisión) o en el nivel micro o molecular de relaciones concretas interpersonales: “Lo personal es político”, sostiene un postulado del movimiento feminista, que legítimamente puede extenderse a toda experiencia social.
El campo psi ha quedado, en gran parte, bajo el dominio de las corporaciones farmacéuticas, las que tienen la potestad de imponer clasificaciones de trastornos mentales, ampliando progresivamente el número de los mismos y ordenando la prescripción medicamentosa en cada uno de ellos. La proliferación de entidades patológicas lleva a una medicalización generalizada y se transforma en herramienta de control social. La mercantilización radical y la falta de controles y de una investigación independiente de los intereses corporativos producen iatrogenias por doquier y atentan contra el uso racional de los psicofármacos (que son recursos insustituibles).
Persisten, también, las prácticas manicomiales, cuya monstruosidad es tan potente que exime de cualquier argumentación. Junto a la de asilar coexisten diversas discursividades psicologistas, sustentadas en procedimientos puramente hipotéticos-deductivos que mantienen una relación tangencial con la realidad de los padecimientos, contrariamente a lo que se proponen sus referentes.
Todas estas prácticas (y otras) conforman un plexo de hierro, y funciona maquinalmente excluyendo, deshumanizando, estigmatizando y violando derechos humanos elementales.
Hay que señalar que la actual Ley Nacional de Salud Mental apunta a revertir, en parte, las tendencias regresivas en la materia: también contribuyen en este sentido las políticas de ampliación de derechos. Contribuye a desmontar a las máquinas represivas. No obstante, todas estas políticas constituyen un continente que deberá ser llenado necesariamente, cotidianamente, con el contenido protagónico de los sujetos reales. Hay que sumar, además, diversas experiencias en prevención y asistencia, que disponen de cualidades humanistas, incluyentes y liberadoras: son potencialidades que es necesario hacerlas confluir e integrarlas en una sistemática abierta.
III
La etapa del capitalismo denominada neoliberalismo destruyó el tejido social material y simbólico, las redes capilares de la comunidad, derechos sociales y laborales, mediante el terror y el genocidio. La pulsión de muerte desatada. Las subjetividades quedaron a expensas de ese campo magnético destructivo.
En América latina se está reaccionando y se está tratando de recrear nuevas formas de convivencia y reconocimiento, en un contexto de contradicciones y discontinuidades, relatividades e iluminaciones. Y errores. Como todo lo humano: como todo hecho político. No es poco.
viernes, 29 de mayo de 2015
Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir (Argentina)
Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir (Argentina)
CARTA PÚBLICA
Son muchos los motivos por las cuales una mujer en un determinado momento de su vida decide interrumpir un embarazo. Puede ser un embarazo no deseado o puede ser un embarazo buscado que le resulta después imposible llevar adelante. Cada mujer tiene sus razones para abortar: por su proyecto de vida, por motivos económicos, familiares, emocionales, afectivos, etc. Desde nuestro punto de vista, someterse a un embarazo forzado atenta contra la salud integral de cualquier mujer. No respetar la autonomía de las mujeres en sus decisiones reproductivas, negarles el acceso a un aborto seguro implica tener para con ellas un trato cruel e inhumano. Esto atropella los principios de bioética que deben regir todas nuestras prácticas en salud.
Para cualquier mujer encontrarse con un embarazo no buscado, involuntario, es una situación posible: ningún método anticonceptivo es 100% seguro. Un embarazo involuntario algunas veces se transforma en un embarazo deseado para la mujer; pero muchas otras no. Las estadísticas demuestran que esto es una realidad frecuente: cada tres mujeres que se embarazan, una de ellas decide abortar. Diversos estudios estiman que en nuestro país se producen anualmente entre 335.000 y 500.000 abortos, mientras que se registran alrededor de 700.000 nacidos vivos por año (Mario y Pantelides: 2009). Esto representa una relación de un aborto por cada 2,1 ó cada 1,4 nacidos vivos (Ramos, Romero y Arias Feijoo: 2009).
Desde el punto de vista de la salud pública, el problema no es la práctica del aborto en sí mismo. Según la Organización Mundial de la Salud , un aborto realizado en buenas condiciones técnicas no pone en peligro la salud de la mujer; el problema radica en las condiciones de inseguridad, promovidas por el marco de clandestinidad en que los abortos se practican. (WHO, 2011)
Nos hemos acostumbrado a una realidad inadmisible: hace años que el aborto inseguro es una de las primeras causas de morbi-mortalidad de mujeres gestantes en Argentina.
Sólo en el año 2013 y a pesar del subregistro que sabemos que existe, 50 mujeres perdieron la vida al realizarse un aborto. (Estadísticas vitales , Ministerio de Salud de la Nación : 2013)
Son muertes evitables, son mujeres, hijxs, familiares, amigxs que sufren a causa de un problema evitable fácilmente.
La penalización del aborto provoca una situación complicada para las mujeres. Sin embargo, para las mujeres más pobres las consecuencias y obstáculos son mayores. Una vez más, son quienes más sufren la injusticia social que genera la hipocresía criminalizadora. Quienes pagan con su vida, quienes cargan con consecuencias para su salud y/o quienes son sometidas a interrogatorios y a experiencias de tortura física y psíquica en servicios de salud, son -sin lugar a dudas- las mujeres más pobres de este país.
Somos profesionales que nos sentimos parte de un colectivo más amplio que construye políticas de inclusión que mejoran la calidad de vida de las personas. En esto tenemos un rol específico, una responsabilidad concreta: velar por la salud de la población que atendemos. Nos tomamos esto en serio.
Somos trabajadorxs que tuvimos la oportunidad de estudiar en la universidad pública gracias al esfuerzo del pueblo al que pertenecemos. A partir del ejercicio de nuestra profesión queremos devolver ese esfuerzo, lo hacemos democratizando el saber y brindando atención de calidad a todas las mujeres . Lo hacemos intentando garantizar las interrupciones legales de embarazos que nos permite el marco legal vigente, realizando la práctica de forma segura y gratuita para las mujeres, siempre que podemos -muchas veces sorteando innumerables obstáculos y barreras. Lo hacemos basando nuestras prácticas en la evidencia científica y tratando de ofrecer los mejores estándares de calidad disponibles.
Pero falta mucho, faltan más decisiones políticas que aseguren la garantía de derechos humanos de las mujeres tales como los derechos sexuales y reproductivos, que protejan su salud y sus vidas. Falta que el Estado y sus instituciones avancen en el cumplimiento de las leyes vigentes y los tratados de derechos humanos que forman parte de nuestra Constitución. Falta que se legalice el aborto voluntario a solicitud de la mujer.
Sólo de esa manera podremos garantizar el acceso de las mujeres y de todas las personas al nivel más alto de salud que merecen.
Hoy, 28 de mayo de 2015, día de acción por la Salud de las Mujeres, y a diez años de la conformación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito de la que ahora somos parte, lanzamos la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir. Decimos públicamente: Nosotrxs estamos a favor de la legalización del aborto, y somos quienes realizamos abortos no punibles en el sistema de salud. Estamos a favor del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, sobre sus vidas. Estamos a favor de la vida: de la vida de las mujeres, de una vida digna, sin miedos ni sufrimiento a causa del ejercicio del derecho a decidir cuántos hijxs tener, cuándo tenerlos, o si tenerlos o no. La legalización del aborto es una deuda que esta democracia mantiene con las mujeres. Una deuda ilegítima e injusta.
Desde la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, exigimos al Estado:
- Que los diputados y diputadas, representantes políticos, impulsen en el Congreso de la Nación el debate sobre la legalización del aborto; se impone la urgente realización de un debate maduro, basado en los derechos civiles, en el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, jóvenes y niñas, contemplados en los tratados internacionales y en la legislación vigente.
- Al Ministerio de Salud de la Nación le solicitamos la conformación de una mesa de trabajo para diseñar e implementar acciones con el objetivo de disminuir la morbi-mortalidad por gestación a causa de abortos inseguros en el país. Queremos mayor capacitación y el acceso a insumos necesarios como medicación (misoprostol y mifepristone) e instrumental, para realizar las interrupciones legales del embarazo, de forma segura y con el método que la mujer elija. En este sentido también vemos imprescindible la aprobación del uso ginecoobstétrico del misoprostol y su producción pública en presentaciones adecuadas para realizar interrupciones legales del embarazo.
Nos dirigimos también a la sociedad en general, para seguir fomentando que hablemos, que sigamos rompiendo el tabú sobre el aborto, sabemos que el silencio no es salud, y que el aborto es parte de la vida de las mujeres. Un aborto no es necesariamente una experiencia traumática: cuando la mujer decide con autonomía, cuenta con un servicio de salud que le provee un aborto sin riesgos y tiene el apoyo necesario para resguardar su salud integral, el aborto es una experiencia más en su vida.
Nuestras palabras están dirigidas, además, a los y las profesionales de la salud, para que tomen conciencia de la importancia de cuidar la salud de las mujeres. Frente a una mujer que decide interrumpir un embarazo, como profesionales de la salud tenemos el DEBER ético y legal de brindarle la atención adecuada para que este evento no ponga en riesgo su salud ni su vida. Este deber ético se corresponde con nuestro DERECHO a ejercer la profesión según lo que nos dicta la CONCIENCIA. Realizar las interrupciones solicitadas en los casos contemplados en el Código Penal, así como informar a las mujeres que consultan, son prácticas que nos sacan de la clandestinidad, lugar donde no nos corresponde estar.
Por último, les decimos a todas las mujeres, sean jóvenes, adultas, ricas, pobres, creyentes o ateas, que si en algún momento se encuentran frente a un embarazo que deciden interrumpir: acá estamos, hagan consultas, no se queden solas. La decisión es de cada una, y nosotrxs estamos para respetarlas, acompañarlas y hacer que esa decisión no las exponga a ningún sufrimiento. Tienen derecho a contar con la información necesaria y con los métodos anticonceptivos que elijan, tienen derecho a ejercer su sexualidad libre y placenteramente.
Nosotrxs realizamos interrupciones legales del embarazo cuidando la salud de las mujeres.
Exigimos una ley nacional que reconozca este derecho sin restricciones.
Aborto legal para decidir.
Bibliografía:
Mario, Silvia y Pantelides, Edith : Estimación de la magnitud del aborto inducido en la Argentina .Notas de población Nro 87. CEPAL. 2009
Ministerio de Salud de la Nación. Estadísticas Vitales 2013. Publicado en Diciembre de 2014. Disponible en:http://www.deis.msal.gov.ar/Publicaciones/Archivos/Serie5Nro57.PDF
Organización Mundial de la Salud : Aborto sin riesgos. Guía técnica y de políticas para los sistemas de salud; Ginebra, OMS. 2003
Organización Mundial de la Salud. Aborto sin riesgos: guía técnica y de políticas para sistemas de salud. Segunda edición. 2012.
Ramos, S.; Romero, M. y Arias Feijoó, J.: El aborto inducido en la Argentina: ¿un viejo problema con un nuevo horizonte? P. Bergallo (comp.) . Aborto y justicia reproductiva, Buenos Aires . Editores del Puerto, 2011.
viernes, 24 de abril de 2015
Las dimensiones del campo de la salud en Argentina
Por Hugo Spinelli - Doctor en Salud Colectiva.
Director de la Maestría en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud. Universidad Nacional de Lanús (UNLa), Argentina. hugospinelli09@gmail.com
Revista SALUD COLECTIVA, Buenos Aires, 6(3):275-293, Septiembre - Diciembre, 2010
Disponible en http://www.unla.edu.ar/saludcolectiva/revista18/3.pdf
RESUMEN
En este texto se desarrolla la configuración del campo de la salud, sus agentes y los capitales en juego, así como los perfiles epidemiológicos y los problemas y desafíos que enfrentan los trabajadores, los gestores y los gobernantes. También nos interrogamos sobre la existencia de políticas o metapolíticas, señalando el carácter normativo de las políticas que llevan a la ausencia de pensamiento sobre las mismas por parte de los actores/agentes y de los usuarios, y por ende a reafirmar la razón instrumental.
Al final, y con el propósito de explorar nuevas formas organizativas para el campo, se abordan los territorios de las metapolíticas a través del análisis del trabajo, la organización, la gestión y el gobierno como dimensiones a ser pensadas, de manera de posibilitar acciones destinadas a configurar nuevos actores y/o estructuras, más allá de "las políticas".
El propósito que se persigue es el de poder pensar la situación actual del campo de la salud, contextualizado en el Sur, en función de acciones emancipadoras.
PALABRAS CLAVE
Sistemas de Salud; Políticas, Planificación y Administración en
Salud; Trabajo; Organización y Administración; Gestión; Gobierno; Argentina.
EXTRACTOS
"El campo de la salud –tanto en Argentina como en otros países–, se caracteriza por la complejidad, producto de la combinación de la alta concentración de capital económico; los problemas de financiamiento; la corrupción –macro y micro–; la persistencia de estructuras administrativas arcaicas en el Estado, que atentan contra quienes intentan dar cuenta de otras institucionalidades; las bajas capacidades de gobierno/ gestión; la falta de regulación en la formación de profesionales; el significativo número de trabajadores que componen la fuerza de trabajo; la autonomía de los mismos y el destacado valor social de los temas sobre los cuales se desarrollan las prácticas". (...)
"El nivel del gasto en salud de Argentina no se condice con los indicadores de salud a nivel poblacional. Varios países de América Latina obtienen mejores indicadores de salud para sus poblaciones, con menor gasto." (...)
"Los modelos de atención del proceso salud-enfermedad-atención (PSEA) pueden generar desigualdades y exclusión al interior del propio campo. El vasto espectro de prestaciones que se ofrecen –muchas de ellas banales– producen un abanico de rentabilidades que ha empujado a los agentes interesados en el capital económico a concentrarse en las prestaciones de alta rentabilidad y en las poblaciones sanas con poder de pago de seguros médicos (c)". (...)
"A su vez, las irracionalidades de algunos modelos de atención inviabilizan su universalización a causa de sus costos. En estas dinámicas, los sectores de bajos ingresos y/o sin cobertura de la seguridad social quedan a cargo del Estado (nacional, provincial y/o municipal), ya sea a través de los hospitales o del primer nivel de atención, que la mayoría de las veces solo pueden otorgar una medicina para pobres que se oculta bajo la "progresista" denominación de "Atención Primaria de la Salud" cuando no pocas veces en realidad se trata de una "Atención Primitiva de la Salud" (5)". (...)
"La fuerte presencia del capital económico en el interior del campo determina mecanismos de solidaridad invertidos tales como el pobre financiando al rico, o lo público financiando al seguro de salud privado.
Veamos algunos ejemplos. En Argentina hay aproximadamente 25.000 pacientes en diálisis, y más del 95% es tratado por prestadores privados, pero el 90% es financiado con fondos públicos del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP-PAMI), el Programa Federal de Salud (PROFE) u obras sociales provinciales. Estamos hablando de un negocio que ronda los 50 millones de dólares mensuales." (...)
"En la dinámica señalada, el campo de la salud aparece como inviable a mediano plazo –al menos desde lo económico– y su viabilidad solo podría asegurarse sobre la base de mayores desigualdades y una progresiva exclusión de numerosos grupos sociales del acceso a la atención, configurando un escenario donde se podrá asistir progresivamente a una medicina para ricos, otra para pobres y a un porcentaje importante de la sociedad fuera de toda cobertura de salud. Es indudable que todo esto no es una buena noticia para aquellos que necesitan de un Estado que marque presencia frente a sus problemas de salud". (...)
"Desde el canto de sirenas de la Alianza para el Progreso, allá por los inicios de los '60, se instaló el concepto de transición epidemiológica, cuya base conceptual es la idea de progreso.
Así se planteó el paso de las viejas enfermedades (las de origen infeccioso, "propias" de los países
menos desarrollados) a las nuevas enfermedades (las crónico-degenerativas: cardiovasculares, diabetes, cánceres, "propias" de los países más desarrollados). La realidad terminó por desmentir tal transición. Hoy convivimos con verdaderos mosaicos epidemiológicos, donde según el espacio social que se analice, vamos a encontrar perfiles propios del primer o tercer mundo, en una misma provincia, en una misma ciudad, en un mismo barrio o en una misma manzana." (...)
"En la Argentina de este nuevo siglo podemos encontrar las "viejas enfermedades" con renovada vigencia. La leishmaniasis presenta una situación endémica en varias provincias del norte argentino –de 300 a 500 enfermos anuales–, con algunos casos fatales de leishmaniasis visceral. La tuberculosis está en todo el país, y deja todos los años un promedio de 11.000 nuevos enfermos y de 800 a 900 muertes. La enfermedad de Chagas –principal enfermedad endémica– con casi dos millones de infectados y 500 muertes anuales, no muestra señales del impacto de los más de 650 millones de dólares invertidos en el control de la enfermedad entre los años 1960 y 2000 (9). Tampoco es menor el problema de la sífilis congénita cuyos números son tan preocupantes como el subregistro por parte
de los sistemas de información epidemiológicos.
Hay personas que a diario enferman o mueren por estas causas. Pero el tratamiento de esas enfermedades no representan ganancias significativas ni para la industria farmacéutica ni para los dueños de clínicas y sanatorios. Esos tratamientos están representados por los llamados "medicamentos huérfanos" denominación que reciben al no ser rentables y por lo tanto no se los oferta en el mercado o su producción es discontinua." (...)
"Se pensó que esos perfiles epidemiológicos serían cosa del pasado, pero no fue así, una vez más fracasó el plan y el desarrollo prometido no fue tal, los agentes jugaron otro juego. La vigencia de esas enfermedades no se debe a la ausencia de conocimientos para controlarlas y erradicarlas sino a que afectan a individuos sin acceso a la ciudadanía, y que por lo tanto no tienen capacidades de colocar sus problemas en la agenda del Estado.
Pero no se trata solo de enfermedades, sino de problemas sociales. Tratar de asociar la solución de los mismos con la medicina no sería más que un éxito del proceso de medicalización descripto por Michel Foucault. Los problemas epidemiológicos que afectan a los conjuntos sociales tienen raíces causales en: las desigualdades sociales; la falta de controles sobre el medio ambiente y sobre los alimentos que consumimos; la falta de acceso a niveles básicos de educación, al agua potable y obras de saneamiento básico; la ausencia de una vivienda digna; la carencia de empleo o empleos precarizados.
Las promesas "del derrame" que se realizan desde los ´60 no se concretan. Los niveles de pobreza y exclusión social vigentes así lo demuestran. La vieja advertencia de Johan Peter Frank (1745-1821) –uno de los padres de la medicina social– mantiene total vigencia: "la miseria del pueblo es la madre de todas las enfermedades".
Director de la Maestría en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud. Universidad Nacional de Lanús (UNLa), Argentina. hugospinelli09@gmail.com
Revista SALUD COLECTIVA, Buenos Aires, 6(3):275-293, Septiembre - Diciembre, 2010
Disponible en http://www.unla.edu.ar/saludcolectiva/revista18/3.pdf
RESUMEN
En este texto se desarrolla la configuración del campo de la salud, sus agentes y los capitales en juego, así como los perfiles epidemiológicos y los problemas y desafíos que enfrentan los trabajadores, los gestores y los gobernantes. También nos interrogamos sobre la existencia de políticas o metapolíticas, señalando el carácter normativo de las políticas que llevan a la ausencia de pensamiento sobre las mismas por parte de los actores/agentes y de los usuarios, y por ende a reafirmar la razón instrumental.
Al final, y con el propósito de explorar nuevas formas organizativas para el campo, se abordan los territorios de las metapolíticas a través del análisis del trabajo, la organización, la gestión y el gobierno como dimensiones a ser pensadas, de manera de posibilitar acciones destinadas a configurar nuevos actores y/o estructuras, más allá de "las políticas".
El propósito que se persigue es el de poder pensar la situación actual del campo de la salud, contextualizado en el Sur, en función de acciones emancipadoras.
PALABRAS CLAVE
Sistemas de Salud; Políticas, Planificación y Administración en
Salud; Trabajo; Organización y Administración; Gestión; Gobierno; Argentina.
EXTRACTOS
"El campo de la salud –tanto en Argentina como en otros países–, se caracteriza por la complejidad, producto de la combinación de la alta concentración de capital económico; los problemas de financiamiento; la corrupción –macro y micro–; la persistencia de estructuras administrativas arcaicas en el Estado, que atentan contra quienes intentan dar cuenta de otras institucionalidades; las bajas capacidades de gobierno/ gestión; la falta de regulación en la formación de profesionales; el significativo número de trabajadores que componen la fuerza de trabajo; la autonomía de los mismos y el destacado valor social de los temas sobre los cuales se desarrollan las prácticas". (...)
"El nivel del gasto en salud de Argentina no se condice con los indicadores de salud a nivel poblacional. Varios países de América Latina obtienen mejores indicadores de salud para sus poblaciones, con menor gasto." (...)
"Los modelos de atención del proceso salud-enfermedad-atención (PSEA) pueden generar desigualdades y exclusión al interior del propio campo. El vasto espectro de prestaciones que se ofrecen –muchas de ellas banales– producen un abanico de rentabilidades que ha empujado a los agentes interesados en el capital económico a concentrarse en las prestaciones de alta rentabilidad y en las poblaciones sanas con poder de pago de seguros médicos (c)". (...)
"A su vez, las irracionalidades de algunos modelos de atención inviabilizan su universalización a causa de sus costos. En estas dinámicas, los sectores de bajos ingresos y/o sin cobertura de la seguridad social quedan a cargo del Estado (nacional, provincial y/o municipal), ya sea a través de los hospitales o del primer nivel de atención, que la mayoría de las veces solo pueden otorgar una medicina para pobres que se oculta bajo la "progresista" denominación de "Atención Primaria de la Salud" cuando no pocas veces en realidad se trata de una "Atención Primitiva de la Salud" (5)". (...)
"La fuerte presencia del capital económico en el interior del campo determina mecanismos de solidaridad invertidos tales como el pobre financiando al rico, o lo público financiando al seguro de salud privado.
Veamos algunos ejemplos. En Argentina hay aproximadamente 25.000 pacientes en diálisis, y más del 95% es tratado por prestadores privados, pero el 90% es financiado con fondos públicos del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJP-PAMI), el Programa Federal de Salud (PROFE) u obras sociales provinciales. Estamos hablando de un negocio que ronda los 50 millones de dólares mensuales." (...)
"En la dinámica señalada, el campo de la salud aparece como inviable a mediano plazo –al menos desde lo económico– y su viabilidad solo podría asegurarse sobre la base de mayores desigualdades y una progresiva exclusión de numerosos grupos sociales del acceso a la atención, configurando un escenario donde se podrá asistir progresivamente a una medicina para ricos, otra para pobres y a un porcentaje importante de la sociedad fuera de toda cobertura de salud. Es indudable que todo esto no es una buena noticia para aquellos que necesitan de un Estado que marque presencia frente a sus problemas de salud". (...)
"Desde el canto de sirenas de la Alianza para el Progreso, allá por los inicios de los '60, se instaló el concepto de transición epidemiológica, cuya base conceptual es la idea de progreso.
Así se planteó el paso de las viejas enfermedades (las de origen infeccioso, "propias" de los países
menos desarrollados) a las nuevas enfermedades (las crónico-degenerativas: cardiovasculares, diabetes, cánceres, "propias" de los países más desarrollados). La realidad terminó por desmentir tal transición. Hoy convivimos con verdaderos mosaicos epidemiológicos, donde según el espacio social que se analice, vamos a encontrar perfiles propios del primer o tercer mundo, en una misma provincia, en una misma ciudad, en un mismo barrio o en una misma manzana." (...)
"En la Argentina de este nuevo siglo podemos encontrar las "viejas enfermedades" con renovada vigencia. La leishmaniasis presenta una situación endémica en varias provincias del norte argentino –de 300 a 500 enfermos anuales–, con algunos casos fatales de leishmaniasis visceral. La tuberculosis está en todo el país, y deja todos los años un promedio de 11.000 nuevos enfermos y de 800 a 900 muertes. La enfermedad de Chagas –principal enfermedad endémica– con casi dos millones de infectados y 500 muertes anuales, no muestra señales del impacto de los más de 650 millones de dólares invertidos en el control de la enfermedad entre los años 1960 y 2000 (9). Tampoco es menor el problema de la sífilis congénita cuyos números son tan preocupantes como el subregistro por parte
de los sistemas de información epidemiológicos.
Hay personas que a diario enferman o mueren por estas causas. Pero el tratamiento de esas enfermedades no representan ganancias significativas ni para la industria farmacéutica ni para los dueños de clínicas y sanatorios. Esos tratamientos están representados por los llamados "medicamentos huérfanos" denominación que reciben al no ser rentables y por lo tanto no se los oferta en el mercado o su producción es discontinua." (...)
"Se pensó que esos perfiles epidemiológicos serían cosa del pasado, pero no fue así, una vez más fracasó el plan y el desarrollo prometido no fue tal, los agentes jugaron otro juego. La vigencia de esas enfermedades no se debe a la ausencia de conocimientos para controlarlas y erradicarlas sino a que afectan a individuos sin acceso a la ciudadanía, y que por lo tanto no tienen capacidades de colocar sus problemas en la agenda del Estado.
Pero no se trata solo de enfermedades, sino de problemas sociales. Tratar de asociar la solución de los mismos con la medicina no sería más que un éxito del proceso de medicalización descripto por Michel Foucault. Los problemas epidemiológicos que afectan a los conjuntos sociales tienen raíces causales en: las desigualdades sociales; la falta de controles sobre el medio ambiente y sobre los alimentos que consumimos; la falta de acceso a niveles básicos de educación, al agua potable y obras de saneamiento básico; la ausencia de una vivienda digna; la carencia de empleo o empleos precarizados.
Las promesas "del derrame" que se realizan desde los ´60 no se concretan. Los niveles de pobreza y exclusión social vigentes así lo demuestran. La vieja advertencia de Johan Peter Frank (1745-1821) –uno de los padres de la medicina social– mantiene total vigencia: "la miseria del pueblo es la madre de todas las enfermedades".
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